Anales de la RANM

159 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 POLIMEDICACIÓN EN EL PACIENTE MAYOR Vargas Núñez J An RANM. 2025;142(02): 158 - 162 INTRODUCCIÓN Don Santiago Ramón y Cajal, en su obra El mundo visto a los 80 años, publicada en 1934 (1), comienza su introducción diciendo: “Hemos llegado sin sentir a los helados dominios de Vejecia, a ese invierno de la vida sin retorno vernal, con sus honores y horrores según decía Gracián. El tiempo empuja tan solapadamente con el fluir sempiterno de los días, que apenas reparamos en que, distan- ciados de los contemporáneos, nos encontramos solos, en plena supervivencia. Porque el tiempo corre lento al comenzar la jornada y vertiginosa- mente al terminarla”. Y en el inicio de su parte primera “Las tribulaciones del anciano” realiza esta pregunta: ¿Cuándo comienza la vejez? Cajal afirma: “Aun cuando sobre esta materia discrepen las opiniones, no parece temerario fijar en los setenta o setenta y cinco años la iniciación de la senectud”. En la actualidad se sigue considerando que una persona es mayor a partir de los 65 años, que coincide con la edad de jubilación, pero esta edad es demasiado temprana para tal consideración, por lo que es razonable elevar este límite, princi- palmente en países con altas esperanzas de vida, tal como afirmó Cajal hace más de noventa años. Por eso se considera la prevejez entre 65 y 74 años, la vejez propiamente dicha, de 75 a 90 años, y los grandes mayores por encima de los 90 años. DATOS DEMOGRÁFICOS El fenómeno demográfico del progresivo enveje- cimiento en el mundo desarrollado se debe en gran medida a unas políticas sanitarias y de salud pública razonablemente acertadas. Es remarcable que hace siete décadas, había 205 millones de personas en el mundo con más de 60 años; en 2050 se esperan 2100 millones. E incluso hace dos décadas, había 100 millones de personas en el mundo con más de 80 años; en 2050 posiblemente 400 millones. La transición demográfica explica el régimen demográfico actual en el que la tasa de natalidad alcanza su nivel más bajo y la mortalidad aumenta ligeramente debido al envejecimiento poblacional, provocando un crecimiento vegeta- tivo negativo y un aumento de la esperanza de vida (2). La esperanza de vida en España (2023) fue de 84 años de forma global, siendo la de los varones de 81,2 años y de las mujeres de 86,7 años. Según datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) la población de España aumentó en 115.612 personas durante el cuarto trimestre de 2024 y se situó en 49.077.984 habitantes a 1 de enero de 2025. Contamos con unos 9 millones de personas por encima de 65 años (20% del total) y unos tres millones por encima de 80 años (6% del total). Junto a la transición demográfica, ha surgido la transición epidemiológica en los países desarro- llados. En relación con un cambio en la forma de enfermar, las enfermedades infecciosas han dado paso a enfermedades de curso crónico, como las enfermedades cardiovasculares, las neurodege- nerativas y el cáncer. Cronicidad no es igual a envejecimiento, aunque en la vejez se produzca un mayor número de procesos crónicos. Como consecuencia de estos cambios demográ- ficos y epidemiológicos, surge la transición clínica, en la que predomina un paciente, general- mente mayor de 75 años, con comorbilidad y posible deterioro funcional o fragilidad y que precisa un alto porcentaje de recursos en salud (3). Este grupo de población precisa de un 70% del gasto farmacéutico, representa el 40% de las consultas de atención primaria y del 40 a 50% de las estancias hospitalarias (4). La comorbilidad se asocia al envejecimiento y eso lleva a un consumo elevado de medicamentos y a regímenes terapéuticos más complejos lo que produce una mayor frecuencia de efectos adversos, interacciones, ingresos hospitalarios, peor calidad de vida y falta de cumplimiento terapéutico. Por todas estas consideraciones, es perentorio un adecuado manejo del uso de fármacos en el paciente mayor, siendo uno de los objetivos de la Estrategia de Seguridad del Paciente del Sistema Nacional de Salud que se recoge en el posicionamiento de la Sociedad Española de Medicina Interna (5). POLIMEDICACIÓN / POLIFARMACIA Cualitativamente la polimedicación o polifar- macia se entiende como el hecho de tomar más medicamentos de los clínicamente apropiados pudiendo existir una polimedicación inadec- uada y una polimedicación adecuada, como ahora comentaremos. Cuantitativamente, el criterio más extendido es situar un nivel de polifarmacia a partir de 5 o más fármacos y polifarmacia extrema o hiperpolifarmacia al empleo de 10 o más. Pero más que la cantidad, importa la calidad tomando relevancia el término de polimedicación apropiada. Este término reconoce que los pacientes pueden beneficiarse de múltiples medicamentos siempre que la prescripción se base en la mejor evidencia posible, refleje las condiciones clínicas de los pacientes y considere las posibles interacciones. En contraposición se sitúa la omisión de fármacos potencialmente beneficiosos (se habla de los criterios START más adelante), que se observa con más frecuencia en pacientes polimedicados, aspecto que se relaciona con el miedo a aumentar más la polifarmacia y por el riesgo de potenciales interacciones. Las variables principales que influyen en el estado de salud de las personas mayores son: la enfermedad principal, con sus diferentes grados de

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