Anales de la RANM
194 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 PRINCIPIOS DE LA MEDICINA DE FAMILIA Zarco Rodríguez J An RANM. 2025;142(02): 191 - 196 ambiental y en la esfera existencial del individuo. El buen MF debe de explorar y tratar todas estas dimensiones en igualdad de condiciones. 3. Interdisciplinaridad La complejidad del ser humano solo puede hacerse desde equipos interdisciplinares que aborden todas las dimensiones del ser humano. Es por ello que se deben de constituir equipos de trabajo donde en el centro este el paciente y donde pueda realizarse esa visión multiprofe- sional. Tenemos que pasar del ejercicio solitario del médico, al equipo integrado y coordinado que dé una respuesta cohesionada a las demandas del individuo (18). 4. Longitudinalidad Los equipos interdisciplinares de MF abordan de una manera integrada la salud de la familia, entendiendo ésta como una unidad orgánica y por ello debe de realizar el acompañamiento de la familia y todos sus miembros, desde el nacimiento, hasta la muerte de sus miembros. Esta longitudinalidad aporta visión al MF de la dinámica familiar y le permite conocer interna- mente los determinantes de la salud en sus distintas dimensiones (19). 5. Continuidad El MF debe de ser garante de la continuidad de los cuidados de sus pacientes. Es por ello que se convierte en puerta de entrada del ciudadano en el sistema sanitario (generalmente es un problema puntual el que hace que el ciudadano consulte con su MF) y en puerta de salida cuando ya ha fallecido. No es una cuestión de “medica- lizar” cualquier actuación, sino de desplegar una labor pedagógica y preventiva sobre el ciudadano y su familia, para hacerles corresponsables de su salud y facilitarles herramientas para conseguirlo. De la misma manera el MF coordinará con otros profesionales, especialistas y ámbitos asisten- ciales la atención de sus pacientes. El MF es el hilo conductor de la salud del ciudadano, sea cual sea el ámbito asistencial al que acuda, siendo el coordinador, el garante de la continuidad y el compañero de viaje. El MF atiende en su consulta del centro de salud, en el domicilio e incluso se constituye como un elemento más del equipo hospitalario (20). 6. Accesibilidad El ciudadano necesita acceder de una manera rápida y eficaz al sistema sanitario, utilizando como puerta de entrada el ámbito de la AP. Por ello es necesario una planificación sanitaria previa para zonificar los equipos de AP y acercarlos lo máximo posible a la población. Los MF deben de estar siempre próximos a los ciudadanos, trabajando en pequeños equipos interdiscipli- nares sin listas de espera y a un coste económico aceptable (21). 7. Enfoque humanista La forma de entender el mundo de la persona y la visión que tenemos de la misma como un todo orgánico e integrado exige una mirada antropo- lógica anclada en los principios del humanismo médico . En el MF se encarnan los principios humanísticos que dotan de una mirada “especial” su atención a la persona, reconociéndole como ser humano, no como enfermedad. Es quizás una de las señas de identidad más importante del ejercicio de la MF. Podríamos sintetizar que el MF es un conocedor del ser humano al que atiende y nada de él, le debe de ser ajeno. Es un testigo cualificado de historias de vida y eso le hace ser un especialista en vínculos y relaciones. Todo MF debe de poseer un modelo de mundo, es decir una forma de entender al ser humano en la vida y en la existencia que le dote de una visión filosófica de la existencia. Igual que los primeros grandes médicos de la historia fueron en esencia pitagó- ricos y que Galeno y otros se enmarcaron en presupuestos estoicos, el MF debe de elegir una visión y una filosofía de vida. En la actualidad hablamos de “ ref lective practtioners ”, en alusión a este marco conceptual y filosófico (22). 8. Relación médico-paciente Las llamadas competencias relacionales, muy ligadas a la comunicación que establezcamos con el paciente y la familia, son elementos esenciales no solo para la exploración y conocimiento del individuo y su entorno, sino también como elementos terapéuticos. Las habilidades comuni- cacionales, la empatía, la compasión, la escucha activa y tantas otras destrezas y habilidades, son elementos que forman parte del arsenal del MF (23). 9. Dimensión social El MF desde sus orígenes ha tenido un gran componente social. Esta faceta social, no solo se demuestra en ser conocedor del entorno del individuo y la familia, sino que debe convertirse en un miembro activo de esa comunidad, como consejero, líder de opinión y un pilar fundamental de las comunidades. Este rol fue muy importante durante el periodo entre la revolución francesa y la revolución industrial y se ha ejercido de una manera impecable en las zonas rurales. El MF se convierte en un vector de salud en sí mismo. La
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