Anales de la RANM
240 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 GERIATRÍA Y CUIDADOS PALIATIVOS Ribera Casado JM An RANM. 2025;142(03): 239 - 239 En 2005, la revista oficial de la Sociedad Americana de Geriatría analizaba coincidencias y discrepan- cias entre las especialidades. Destacaba la pobreza de estudios al respecto y la necesidad de incluir en las agendas de investigación cuestiones relacio- nadas con la muerte del anciano, sobre todo cuando ésta ocurre en una unidad de cuidados paliativos. Abogaba por favorecer puntos de encuentro, de intercambio y de colaboración entre especialistas de ambos campos (2). Ese mismo año, desde Croacia, se llamaba a la búsqueda de modelos de atención paliativa orientados al anciano (3). Se insistía en el carácter interdisciplinar de ambas especialidades, con una denuncia expresa de la pobreza en el desarrollo de los cuidados paliativos dentro del país y la poca atención prestada a la persona mayor. Proponían organizar unidades de cuidados paliativos geriátricos en instituciones hospitalarias y residenciales. En 2006 aparece, elaborada desde los cuidados paliativos, una evaluación sistemática sobre las guías clínicas y educativas centradas en el paciente mayor y en su entorno, con una atención especial sobre aquellas relativas al manejo emocional, social y económico de estas situaciones. Los autores denuncian las grandes diferencias a nivel mundial entre las necesidades y las formas de atender los cuidados paliativos en función de la edad y remarcan la escasa literatura al respecto centrada en el colectivo más aciano (4). La Organización Mundial de la Salud (OMS) hablaba en el año 2011 de la necesidad de establecer sinergias (5). Poco después, en 2012 se publicaba un extenso y documentado informe conjunto redactado entre la American Geriatric Society y la American Academy of Hospices and Palliative Medicine, cuyos principales puntos destacaban: a) la necesidad de optimizar el cuidado del anciano con enfermedad severa avanzada, b) entender que el paciente y sus allegados constituyen una unidad de cuidado integral y no meras piezas aisladas del sistema, c) que la medicina paliativa y la geriatría comparten campo de actuación, métodos de trabajo y un carácter interdisciplinar, y d) recuerda, finalmente, que desde 2009 ambas sociedades científicas trabajan de manera conjunta en el marco de la John A. Hartford Foundation, buscando sinergias beneficiosas (6). En 2016 la necesidad de una colaboración activa y mantenida en el tiempo se plantea desde la oncología. Un prestigioso grupo oncológico denuncia la pobreza de artículos sobre medicina paliativa en los pacientes con cáncer de edades avanzadas. Revisan la literatura ( PubMed ) y enfatizan las singularidades que justifican la necesidad de investigar en este campo. Los principales objetivos de estas investigaciones los focalizan en: a) identificar los síntomas más prevalentes en esas circunstancia, b) atender al bienestar psico-espiritual del paciente, c) indagar sobre la “fatiga” del cuidador (burn-out), y d) adaptar la metodología de investigación a la tipología de esos pacientes (7). Un trabajo elaborado por gerontólogos vuelve a insistir, en 2021, en que estamos ante unas especia- lidades con fines y métodos similares llamadas a colaborar. Pretende identificar coincidencias entre ambas especialidades y, en ese contexto, destaca: a) la evidencia de unas fronteras poco claras en muchos aspectos, b) la comunicación fluida que existe entre especialistas de ambos campos, y c) la ambigüedad con la que en todos los sitios se establece el itinerario sanitario final del anciano muy enfermo (8). Ya en 2025, una revisión desde el mundo de la enfermería toma como punto de referencia para la interrelación geriatría/medicina paliativa la necesidad de una investigación más profunda y la centra en dos aspectos muy concretos, la fragilidad y el miedo. Concluye destacando que el paciente geriátrico frágil aumenta su ansiedad, debido, sobre todo, a su declinar físico, pero también a sus preocupaciones existenciales y al propio ambiente opresivo al que está sometido (9). HISTORIA Y DEMOGRAFÍA: MUCHOS PUNTOS DE COINCI- DENCIA La historia avala esta proximidad. Los orígenes remotos de la geriatría, previos a la introduc- ción del propio término en 1909 y al desarrollo doctrinal de la especialidad, hay que buscarlos, dentro del mundo occ i dent a l, en el papel de de te rminadas órdene s rel i g i os as . Lo que sol emos denominar “as i l os” f ue ron inst itu- c i one s foca l i zadas de sde una ópt i ca soc i a l pe ro t ambi én s anit ar i a , en suj e tos de sva l i dos de l os que nad i e s e ocupaba . En su mayor í a anc i anos , sol os , l imit ados y s in recursos . Una de l as mis i one s asumi das por e stos cent ros f ue l a de f ac i l it ar l o que s e conoc í a como una “buena mue r te”, f in ú lt imo para el que nac i ó l a med i c ina pa l i at iva . En l a t abl a 1 s e recogen como homenaj e a l gunas de l as inst ituc i one s más s i gni f i cativas al respecto. Otra coincidencia histórica viene dada por la época en la que tiene lugar la elaboración de la doctrina que justifica ambas especialidades, la segunda mitad del siglo XX. Algo más precoz en el caso de la geriatría que lo hace en la Inglaterra de mitad de siglo (10). La medicina paliativa desarrolla su doctrina poco después, a partir de 1967, cuando Cecily Sanders teoriza sobre los Hospices, centrados, sobre todo, en los pacientes oncológicos (11). La OMS define en 2010 la doctrina paliativa como “una forma de aproxima- ción al enfermo, que hace primar la calidad de pacientes y familia, se enfrenta a los problemas asociados con la enfermedad que amenaza la vida a través de la prevención y el alivio del sufrimiento, mediante su identificación precoz, la valoración continuada y el tratamiento del dolor y demás problemas físicos, psicosociales y espiri- tuales” (12).
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