Anales de la RANM

292 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 EL LENGUAJE MÉDICO EN ESPAÑOL Campos A An RANM. 2025;142(03): 291 - 296 en los idiomas nacionales. Y ello es fruto, por un lado, del auge de los nacionalismos emergentes y, por otro, por la imperiosa necesidad de establecer una mayor conexión cognitiva y afectiva con la población objeto de atención médica (1). Como, con anterioridad he comentado, el “acto médico” es el proceso de comunicación que vincula técnicamente el encuentro entre el médico y el enfermo; un acto médico en el que el lenguaje juega un papel primordial. Pedro Laín, gran estudioso del “acto médico”, distingue en el mismo, al menos, tres componentes fundamentales; cada uno de ellos, como es propio, con su correspondiente lenguaje médico. Dichos componentes son, respectivamente, el componente cognoscitivo que acompaña a los saberes y por tanto al razonamiento y el diagnós- tico, el componente operativo que acompaña a la exploración, la instrumentación y el tratamiento y, finalmente, el componente afectivo, que acompaña a la confianza mutua que debe presidir la relación entre el médico y el paciente (3). Al uso del lenguaje médico de cada época han estado abocados todos los médicos que en el mundo han sido y lo han de estar, de igual modo, todos los médicos actuales. Pero, a diferencia de lo ocurrido en otros momentos de la historia, el papel protagónico del paciente, en el conocimiento y desarrollo de su enfermedad, ha alcanzado en el momento actual un relieve extraordinario y ha dado lugar a la formulación de un conjunto de derechos amparados y regulados legalmente. En tal sentido, al conocimiento del lenguaje medico están abocados, también, todos aquellos pacientes que, en el ejercicio de sus derechos, quieran ser protagonistas de su enfermedad y no meros sujetos pasivos de la misma. Existe en nuestra lengua española un palíndromo, un término que se lee de igual manera de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, que, a mi juicio, simboliza a la perfección lo que, en esencia, representa el lenguaje médico. Se trata del verbo “reconocer” que al leerse de igual modo en ambos sentidos encarna el reconocimiento mutuo que debe existir entre médico y paciente. El primero, debe reconocer en el segundo las vivencias y necesi- dades personales que este siente y demanda como ser humano enfermo. El segundo -el paciente- debe reconocer en el primero el saber médico que le aporta y el acompañamiento que le presta en relación con su dolencia. Sin el mutuo recono- cimiento, favorecedor de la convergencia entre médico y paciente, el acto médico quedaría simple- mente reducido a un mero acto social vinculado a la prestación de servicios. Pues bien, en el marco contextual descrito, -el nacimiento del lenguaje, el de la medicina y el del acto médico y la existencia, para este último, de un lenguaje propio y específico en cada lengua-, tres son, a mi juicio, las preguntas que debemos formularnos a propósito del presente discurso. La primera ¿cómo surge el lenguaje médico en español y cuál ha sido, hasta nuestros días, su evolución y su trayectoria? La segunda ¿qué significa y qué representa dicho lenguaje, en su globalidad, para toda la comunidad hispanohablante de nuestro tiempo? Y la tercera y última ¿Cuáles son los retos que, en relación con su más inmediato futuro, ha de afrontar el lenguaje médico en español y cuales los distintos modos con los que poder abordar dichos retos? Intentaré responder a estos interrogantes con la brevedad que exige el tiempo disponible. HISTORIA Y EVOLUCIÓN DEL LENGUAJE MÉDICO EN ESPAÑOL Desde sus albores, y en respuesta al primer interro- gante, el lenguaje médico en español fue configu- rándose, básicamente, a partir de un doble origen: por un lado, y mayoritariamente, a partir del latín medieval y de algunos helenismos y, por otro, y en menor medida, a partir de la nueva jerga popular romance que estaba surgiendo. A modo de ejemplo mientras que “fármaco”, documentado en español en 1490, viene directamente del latín” pharmacum” sin pasar por el romance castellano, el término “espalda”, documentado en 1129, es, sin embargo, fruto de la evolución, a través de la jerga vulgar, del término latino “spatulam” que designa a una espada de pequeño tamaño. A todo ello, y en el progresivo desarrollo del lenguaje médico en español, hay que añadir los numerosos rasgos fonéticos, gramati- cales y prestamos que el castellano emergente, en su conjunto, recibió desde todas sus fronteras lingüís- ticas: con el árabe, el bereber y el romance andalusí, al sur; con el riojano y el navarro-aragonés, al este; con el vasco, al norte y, con el asturiano y el leonés, al oeste. Y desde que llegó a América, en el segundo viaje de Colon, el primer médico español, Diego Álvarez Chanca, nuestro idioma, y nuestro lenguaje médico, recibió y se enriqueció, igualmente, con numerosas expresiones y prestamos procedentes de las distintas lenguas autóctonas existentes en el nuevo mundo. Un enriquecimiento que ha llegado hasta nuestros días como demuestran, sobrema- nera, los rigurosos atlas lingüísticos elaborados por el gran filólogo y académico Manuel Alvar (4)(5) En cualquier caso, la preocupación por la natura- leza del lenguaje médico fue muy pionera en nuestro idioma como lo fue también su gramática. Fue, precisamente, Elio Antonio de Nebrija, el autor de la primera gramática de una lengua romance -la española-, el autor, también, años más tarde, del que podríamos denominar primer Diccio- nario médico. Es importante igualmente destacar, entre otras, las obras de Bernardino de Laredo y su glosario de términos médicos, publicado en el siglo XVI, y el diccionario de Juan Alonso de los Ruyzes y Fontecha, publicado en el siglo XVII; obras que ponen de relieve como nuestro idioma se abre al saber medico heredado y expresado en latín y, a su vez, a las nuevas expresiones coloquiales y vulgares que aporta el contacto real con los enfermos (1)(6). Las Academias a partir del siglo XVIII, hijas de la ilustración y portadoras de dos principios muy emergentes entonces, e imprescindibles en el momento actual, -el trabajo interdisciplinar y la práctica de la filantropía, esto es el amor y el servicio

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