Anales de la RANM
293 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 EL LENGUAJE MÉDICO EN ESPAÑOL Campos A An RANM. 2025;142(03): 291 - 296 desinteresado al género humano-, heredaron, entre otras, la misión de elaborar diccionarios que recogiesen las palabras y expresiones de uso común en una lengua o, los términos y expresiones específicos, de algunos tipos de lenguaje como, por ejemplo, el médico o el jurídico. Nuestra Real Academia de Medicina ya tenía en sus estatutos del siglo XVIII la misión de desarrollar “la nomenclatura de las voces técnicas españolas en medicina” y, en tal sentido, publicó con periodi- cidad, desde el siglo XVIII hasta principios del XX, sucesivas farmacopeas con términos médicos referidos a medicamentos. Asimismo, dos ilustres académicos de esta casa, de los siglos XIX y XX, D. Antonio Ballano y D. León Cardenal, elaboraron a título individual sendos Diccionarios de términos médicos que tuvieron, en su momento, un gran impacto profesional. Sin embargo, no ha sido hasta el comienzo del presente siglo cuando la Real Academia Nacional de Medicina de España ha dado absoluta prioridad institucional al desarrollo del lenguaje médico en el marco de sus actividades. Y, como consecuencia de ello, ha impulsado, mediante el trabajo colectivo y filantrópico de todos sus académicos, y de numerosos colaboradores, la recopilación, la conformación, y la normalización de dicho lenguaje, y lo ha hecho, además, con la clara voluntad de servir a la ciencia y la cultura médica en español y, por ende, a toda nuestra sociedad y todo el mundo hispanohablante (1). En tal sentido la Real Academia Nacional de Medicina de España publicó en 2011 su primer Diccionario de Términos Médicos (DTM) y, susten- tado en este último, publicó, en noviembre de 2023, el Diccionario Panhispánico de Términos médicos (DPTM) en colaboración con todas las Academias hispanoamericanas de Medicina (7)(8). Esta última obra, que recoge el léxico más actualizado y numeroso de la lexicografía medica en español, contiene más de 72 000 términos, es digital y de acceso libre e incluye, además, las variantes lingüís- ticas de cada país hispanohablante y las nomencla- turas normalizadas internacionales más relevantes. Su elaboración se ha sustentado, en una norma panhispánica previamente consensuada con todas las Academias de Medicina de América lo que ha contribuido a facilitar en el ámbito del lenguaje médico la unidad básica del idioma español. Esta norma, como no puede ni debe ser de otra manera, se inserta, igualmente, en el marco normativo estable- cido por la Real Academia Española, con la que nuestra Corporación mantiene una estrecha y fructí- fera colaboración en todo lo referente, por un lado, al cuidado del idioma y, por otro, al cumplimiento, a su vez, de tres orientaciones muy claras y precisas dictadas, en distintos momentos, por algunos de sus miembros más relevantes. La orientación que, en concreto, postula su actual director, Santiago Muñoz Machado, sobre la necesidad de fomentar el lenguaje claro cuando, como ocurre con la medicina, el lenguaje técnico y específico de la misma va también destinado al conjunto de la sociedad (9); la orientación que, igualmente, postula Darío Villanueva cuando nos advierte sobre la incidencia que, incluso sobre un lenguaje técnico, puede tener lo políticamente correcto y lo que hoy se conoce como la posverdad (10) y, finalmente, la importante propuesta que, asimismo, postuló en su día, el gran Damaso Alonso, sobre la imperiosa necesidad de respetar, cuando se trata de hispanismo, todas las variantes utilizadas en los países hispanohablantes para dar prioridad, antes que al purismo idiomático, a la unidad lingüística del idioma (11). UN L ENGUA J E MÉD I CO COMÚN PARA TODA L A COMU- N I DAD H I SPANOHABL ANT E ¿Qué significa y representa para la medicina y para la sociedad hispanohablante de nuestro tiempo el lenguaje médico en español y el Diccio- nario panhispánico que, como acabamos de ver, lo normaliza y lo recoge? La respuesta a este interrogante, el segundo de los tres que con anterioridad habíamos formulado, es, a mi juicio, clara y evidente: el lenguaje médico, y el Diccio- nario panhispánico que lo recoge, significan y representan tres cosas distintas: un instru- mento, un patrimonio y un recurso: un instru- mento fundamental para un mejor ejercicio de la medicina, un patrimonio cultural compartido generador de identidad y un recurso documental promotor de desarrollo económico y de desarrollo social. Tres cosas, tres realidades, que, desde luego, justifican plenamente la dedicación y el esfuerzo que en los últimos veinte años ha realizado nuestra Academia para poder implementar su proyecto. El lenguaje del Diccionario Panhispánico de Términos Médicos es, en nuestro idioma, en efecto, el instrumento fundamental que, en cada acto médico, nutre los distintos componentes del mismo: los componentes cognitivos, los operativos y los afectivos, a los que, con anterioridad, he hecho referencia. Aportar, en los términos del Diccionario, y para todo el mundo hispanoha- blante, claridad, seguridad, actualización y rigor, la sinonimia y la polisemia científica y coloquial de numerosos términos, la distribución geográfica de los mismos e, incluso, las distintas incorreciones ortográficas, supone disecar y esculpir, en nuestro idioma, un lenguaje médico más útil, preciso y veraz al servicio de los dos protagonistas del acto médico, el médico y el enfermo, se encuentren estos donde se encuentren: en la Patagonia o en Los Ángeles, en Cádiz o en Guanajuato, en Asunción o en Popayán, en Quito o en Malabo. Un lenguaje capaz, además, de trasmitir en ambos sentidos , la vivencia, la experiencia y la ciencia que portan sus palabras y capaz, además, de estar, en sus distintos términos, en la permanente vanguardia del saber o, lo que es lo mismo, de estar en nuestra lengua, como diría Ortega, a la altura de nuestro tiempo (12). Es importante reseñar, a este respecto, el apoyo expreso que la elaboración del Diccionario panhispánico de términos médicos recibió, al servicio de este fin, de la vigésimo quinta Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias en el año 2016.
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