Anales de la RANM
294 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 EL LENGUAJE MÉDICO EN ESPAÑOL Campos A An RANM. 2025;142(03): 291 - 296 El Diccionario panhispánico de términos médicos, es, asimismo, afirmaba con anterioridad, un patrimonio cultural compartido generador de identidad. Y lo es porque el lenguaje médico, que recoge, constituye una verdadera narración que despliega, en su globalidad, todo el conjunto de términos que, en nuestro idioma , explican la enfermedad y dan sentido a la búsqueda de sanar. Una narración que procede de todo lo aportado por la medicina en el curso de los siglos incluyendo, por supuesto, la muy importante contribución realizada desde nuestra lengua común. Figuras, recogidas en el Diccionario, como Cajal, Houssay, Balmis, Chávez, Caldeyro, Pagés, Carrión, y un largo etc., al respaldar, en su conjunto, con sus aportaciones la existencia de una cultura médica de siglos en España y en América, contribuyen, y de un modo muy significativo, a fomentar la identidad social y el sentido de pertenencia, en lo que a la salud y a la medicina se refiere, en toda nuestra comunidad de hablantes. Si, como afirmó en su día Lázaro Carreter, “el porvenir de un idioma está en que quienes lo hablamos sintamos que detrás existe el respaldo de una cultura respetada” creo que el lenguaje medico común, que recoge el Diccionario, contribuye sobrema- nera a lograr dicho propósito (13). Pero, en relación con la identidad, hay aún algo más que decir. Hace unos años José Manuel Blecua, afirmó que la identidad del hablante con su lengua es lo más propio y personal que le une con el mundo (14). El lenguaje médico, que recoge el diccionario panhispánico de términos médicos es, en este sentido, y tras el habla común que todos utilizamos para expresar y comunicar nuestras ideas y emociones, el léxico que más nos une con la realidad del mundo porque todos los hablantes de un idioma o hemos estado enfermos, o estamos enfermos, o vamos a estar enfermos y, en cualquiera de los casos, en relación, siempre , con un médico o un profesional de la salud. Además de instrumento para el ejercicio médico, además de generador de identidad, el lenguaje médico que recoge el Diccionario es, también, un recurso documental promotor del desarrollo económico y del desarrollo social. Los datos más recientes nos indican que aproximadamente 600 millones de personas hablan el español en el mundo y que nuestro idioma tiene una incidencia aproximada de un 7 a un 9% en el PIB mundial. La incidencia de la medicina y la salud en el PIB en los países de habla española varía mucho, pero alcanza aproximadamente un promedio del 5%. No es difícil colegir que la convergencia, entre la lengua española y el lenguaje médico en español, potencia notablemente la incidencia en el PIB. Disponer de un lenguaje medico en español, académicamente válido para todos los hablantes de nuestra lengua , es disponer, por tanto, de un recurso de primera magnitud para impulsar el desarrollo económico y social en todo lo que afecta al ámbito sanitario. La utilización de nuestro lenguaje médico por ingenieros, traductores, informáticos, periodistas, arquitectos, educadores, etc. , en todo lo que a dicho ámbito se refiere, amplifica la proyección del Diccionario y lo convierte, por último, en potenciador de áreas de desarrollo que ni siquiera somos capaces de imaginar. LOS RETOS DEL LENGUA JE MÉDICO EN ESPAÑOL El lenguaje médico en español, qué el Diccio- nario panhispánico de términos médicos, ha logrado proyectar al mundo hispanohablante, en un proceso de muy exitosa cooperación interna- cional, y del que ninguna otra lengua multina- cional dispone en el ámbito de la medicina y la salud, tiene, y esta es la respuesta al tercer interro- gante que previamente planteamos, dos grandes retos de futuro que afectan, tanto a su dimensión científica como a su relación con los lenguajes médicos existentes en otros idiomas. El primer reto obedece a la necesidad y, yo diría el deber, de incorporar al lenguaje médico en español nuevos términos desde nuestro propio idioma y en nuestro propio idioma; el segundo, obedece a la necesidad de actualizar permanen- temente la continua aportación de términos procedentes de otros idiomas, y en concreto del inglés. Si no superamos satisfactoriamente estos dos retos estaremos conformándonos con un idioma estancado y, lo que es peor, con un idioma científicamente mutilado. No puedo lógicamente ocuparme en este momento de las causas que impiden, y de las posibles soluciones que existen, para crear ciencia médica original en español. Pero es importante no olvidar que, como afirma José Ortega y Gasset (15) y, más recientemente, ha postulado Andrew Reynolds (16), toda creación y expresión de ciencia original en una lengua distinta a la propia contribuye a limitar el propio acto creativo. Las distintas aportaciones al lenguaje médico han estado, por tanto, siempre vinculadas a la lengua en la que la ciencia fue creada y al modo en la que los hallazgos científicos fueron en dicha lengua nominados. Así sucedió a partir del XIX con el francés, el alemán y el inglés y, también, con el español. En nuestro caso, cabe destacar la importante contribución a la ciencia, y por tanto al lenguaje médico, que llevó a cabo la escuela española de histología encabezada por Cajal; términos, en el ámbito de la histología del tejido nervioso, que fueron inmediatamente traducidos al resto de las lenguas. Pero al margen de la creatividad científica en español, que exigiría otro discurso, si quiero, en este solemne acto, exponer la propuesta de solución que, para contribuir a dicha creatividad y paliar, en alguna medida, el reto planteado, formuló en su día nuestra Real Academia al Foro “Alianza por el español en la ciencia y la tecnología” y que actual- mente ha sido recogida, también, por la Universidad de Granada para proponerla asimismo a todas las Universidades hispanohablantes en una reunión que va a tener lugar, en los próximos días, en la ciudad de la Alhambra. La propuesta consiste en demandar
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