Anales de la RANM
295 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 EL LENGUAJE MÉDICO EN ESPAÑOL Campos A An RANM. 2025;142(03): 291 - 296 a las revistas científicas, que publican mayoritaria- mente en inglés, que, junto al obligado resumen en dicho idioma, publiquen también un resumen en el idioma nativo de los autores del artículo, si estos no son de habla inglesa. Ello potenciaría el lenguaje científico en numerosos idiomas y contribuiría a aprovechar, en el caso del lenguaje médico, todo lo que este aporta, tanto al proceso creativo como al mejor ejercicio de la práctica médica. Creemos, asimismo, que La UNESCO podría fomentar este proceso de defensa de la multiculturalidad en el ámbito de la producción científica y que, el español, nuestro idioma común, y por supuesto el resto de las lenguas existentes, potenciarían enormemente su propio lenguaje científico y, por tanto, su propio lenguaje médico. Sobre el segundo reto, el que supone la actualiza- ción permanente del lenguaje médico y, por ende, del Diccionario que lo recoge, lo más importante es lograr detectar con urgencia los nuevos términos, buscar con pertinencia su neologismo en español y difundirlo socialmente con la mayor celeridad posible. Solo así podremos evitar, parafraseando a Francisco Umbral, que el inglés rompa el valladar de nuestra lengua a borbotones. La propuesta para incorporar con continuidad los nuevos términos está sobre la mesa en la Real Academia Nacional de Medicina, como primer objetivo a alcanzar, tras la reciente publicación del Diccionario panhispá- nico. Consistiría en la creación de una “Unidad de Terminovigilancia” para poder disponer, como ocurre con la epidemiologia, de una red de profesionales centinelas o de algoritmos de inteli- gencia artificial capaces de detectar los nuevos conceptos y términos en las distintas revistas científicas. Tras su análisis y pertinente traduc- ción, su difusión sería inmediata a todos los hablantes de nuestro idioma (1)(17). EPÍLOGO Majestad, Sras. y Sres. Académicos, Autoridades, Sras. y Sres. En su discurso de ingreso en la Real Academia española, José Manuel Sánchez Ron afirmaba que el lenguaje científico es un inmenso depósito de palabras formado por la amalgama de todo tipo de materiales. Un depósito que contiene, como el fósil o el estrato geológico, la huella de la historia, el paso de las civilizaciones, así como las ilusiones que florecieron y las que marchitaron (18). Pero el lenguaje científico es también, además de depósito de palabras, una constante incorpora- ción de vocablos inventados, que nominan nuevas realidades del mundo y que, al hacerlo, desplazan hacia el pasado, hacia su fosilización, a muchas de las palabras hasta entonces vigentes. El lenguaje médico en español, que el Diccio- nario recoge, es, sin duda, como lenguaje cientí- fico, todo lo que acabo de decir, pero es, además y muy en primer término, la expresión, en nuestro idioma, del dolor y de la esperanza con la que el ser humano, a lo largo del tiempo y de la historia, ha vivido la enfermedad y ha procurado, y a veces logrado, promover y conquistar la salud. Con tres ideas de D. Santiago Ramón y Cajal, académico que fue de nuestra Real Academia de Medicina, de la Real Academia de Ciencias y electo de la Real Academia Española quiero terminar mi intervención. Nuestro gran histólogo no solo fue el gran científico que todos recono- cemos. Fue, también, un hombre, de fuertes convic- ciones sociales, preocupado por España y por tanto por su lengua, como demuestran sus comentarios sobre el uso y cuidado del lenguaje y su interés por como escribir ciencia en castellano. Las tres ideas a comentar tienen que ver con la determina- ción, la actitud y el sentido con el que nuestro gran sabio abordaba sus proyectos. Son tres ideas, tres reflexiones, que han presidido la firme voluntad con la que nuestra Academia ha abordado la compleja elaboración del Diccionario Panhispánico de términos médicos, y que van a seguir presidiendo nuestra voluntad académica para impulsar su continuidad, su mantenimiento y su actualización y para asumir, además, los principales retos que tiene por delante el lenguaje médico en español a los que con anterioridad he hecho referencia. Afirma Cajal en este sentido que “no hay cuestiones agotadas sino hombres agotados en las cuestiones”, afirma que “su cerebro es esclavo de su corazón y que solo puede pensar a hurtadillas de este” y afirma que “nuestros talentos no valen sino por la sociedad y para la sociedad, y que, a pesar de nuestro aparente aislamiento, somos una célula -histólogo era- del organismo nacional” (19) (20). La lectura de estos textos cajalianos constituyen para todos nosotros, para todos los académicos, -españoles, americanos, de número, correspondientes, miembros del equipo lexicográ- fico y colaboradores-, implicados en la promoción de un lenguaje médico panhispánico, único y sin fronteras, una permanente invitación a trabajar en la Academia, sin poner excusas ni límites y sin agotarnos, en modo alguno, en el empeño; una invitación, además, a trabajar con el corazón latiendo a plenitud, con calor, con entusiasmo y con pasión. Y una invitación, por último, a trabajar, también, con la conciencia de servir a nuestra sociedad, a nuestra patria y a toda la civilización hispana en cuyo seno estamos cultural y socialmente incardinados. No quiero terminar sin poner de relieve la presencia de su Majestad el Rey en este acto de inauguración de la Reales Academias del Instituto de España. Para todos nosotros tiene el importante simbolismo de lo que la Corona representa, tanto en la constitución como en el entramado afectivo y social de nuestra sociedad: el simbolismo de la continuidad histórica de nuestro país y el de aquellas ideas y emprendimientos que por su carácter nacional o de naturaleza panhispánica, trascienden lo coyuntural para convertirse en proyectos colectivos de nuestra sociedad, siempre al servicio de España.
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