Anales de la RANM

15 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 S U P L E M E N T O MEDALLA DE HONOR DE LA RANME: CAYETANO MARTÍNEZ DE IRUJO Cayetano Martínez de Irujo An RANM. 2021;138(01).supl01: 14 - 16 nuestros respectivos aposentos por los pasillos y escaleras. A mí, me costó subir las escaleras hacia mi cuarto y una vez llegado a él, caí desplomado sobre una de las butacas, con la mirada perdida y una profunda sensación de soledad y temor... Al poco rato sonó el teléfono de mi cuarto, cogí y era ella. Me pidió que bajase a su cuarto, quería hablar conmigo. Al llegar llamé a la puerta, como siempre hacia desde pequeño, entré y me senté en la única silla que se podía utilizar. Mudo y atónito escuche atentamente. "Cayetano, he seguido de cerca tu dirección durante este año de todo el campo. Has ganado mi confianza para que deposite en tus manos, lo más importante de mi vida, al margen de vosotros, mis hijos. Eres valiente, inteligente y siempre consigues lo que te propones. A partir de ahora, despacharas todo únicamente conmigo sin contar con nadie más. Ahora me tengo que ir al cine." Me dio un beso con cálido abrazo y me fui por donde había venido igual de mudo y perplejo. Desde ese mismo instante fui plenamente consciente de la misión que se me había encomen- dado y como cuando estás en la puerta de entrada de una pista de competición donde representas a tu país, a tu equipo y sobre todo a ti mismo, me crecí por dentro con orgullo y valentía ante la adversidad que se me avecinaba e inmediatamente me dispuse a planificar en mi cabeza el desembarco en tan enorme estructura. Comencé por informarme bien sobretodo de lo esencial: funcionamiento y situación económica, estructuración patrimonial, número de personal en cada zona, y referencia de los mismos. Me encontré con un cierto desorden, una estructura bien formada pero algo obsoleta y una situación económica muy delicada pero reconducible. Cuando me fui trasladando a cada zona de palacios o casas, eso me permitió ir conociendo al personal que todavía no había conocido a fondo, como ya había hecho con las zonas de campo. Había mucho descontrol, manejo autónomo y sobretodo una descomunal corrupción. Es imposible sobrevivir con un pequeño imperio semejante, al estilo del siglo XIX o principios del XX, en estos tiempos, especialmente en un país como España, donde nuestro "Lazarillo de Tormes" se ha convertido en un pequeño o gran delincuente, según sus posibilidades y permisión. Frenar, empezar a controlar, reorganizar y enderezar todo lo antes citado, os digo que fue un duro trabajo. Paralicé mi carrera deportiva y me faltaban horas y días para viajar por España empapándome a fondo con todo. Quiero dejar bien claro que, al igual que como mi madre, me ayudó el gran consejo de Amancio Ortega. Mandara yo solo, uno, rindiendo cuentas e informando a la dueña. Eso sí, jamás deje de informar a mi hermano Carlos, primogénito de la Casa. Utilizaba tres vías para no perder la marcha necesaria que requería la regeneración. Parte se la informaba el administrador general, otros asuntos, le consultaba, puesto que su conocimiento sobre ellos era superior al mío, y una tercera, le sugería y al cabo de poco tiempo, volvía con su aproba- ción como propia. Además, hubo muchísimas peticiones extras, que me pedía como personales y yo convencía a nuestra madre. La lealtad por mi parte fue absoluta, a la Duquesa y a su primogénito pues al fin y al cabo iba irremediablemente ligada. Todo siguió su curso, viajes, continuas gestiones con alcaldes, diputaciones, trabajadores, empresas proveedoras, en fin, desde el mismísimo presidente del gobierno hasta el Sindicato Andaluz de Trabaja- dores, dirigido por los sindicalistas obreros Gordillo y Cañamero, con quien compartí varias jornadas y reuniones, incluyendo visita oficial a Marinaleda, toda una experiencia de aprendizaje vital a fondo. El gran buque, que en cierta manera había hincado el morro de proa en la navegación de la mar, se le habían tapado las vías de agua, remodelado las piezas más devastadas en sus motores, reparado las partes que impedían su marcha y relanzaba síntomas claros de volver a navegar, con el flamante estandarte de su historia, de nuevo derecho y firme, rumbo al futuro moderno. A principios del 2011, nos sorprendió un hecho totalmente inesperado. Carlos mi hermano mayor me comunicó que nuestra madre tenía novio y que había oído que contáramos con su firme voluntad de contraer matrimonio. Nuestra sorpresa fue monumental, contando con los más de veinte años que supuso la paralización de la Casa tras su segundo matrimonio con Jesús Aguirre. Ello nos llevó, y digo nos porque a partir de ese momento trabajé verdaderamente unido al primogénito puesto que a nuestro entender, peligraba la continuidad sana de toda la estructura, y me dediqué a buscar una solución rápida, eficaz y viable. Consultando con personas de relieve como Luis Maria Anson, Felipe González o Amancio Ortega, conseguí llegar a una conclusión definitiva que emanó de la tenacidad, determinación y buen análisis en tan delicada situación. Les confieso a ustedes, en este solemne y prestigioso acto, que la llegada del tercer marido de Cayetana, fue una bendición de Dios, de nuestro padre y de la propia historia, pues se llevó a cabo el cambio de herencia a donación voluntaria, uno de los hitos más importantes en esta histórica familia. Eso permitió la transición de la Casa al siglo XXI con la mayor discreción, buen hacer y excepcional profesionalidad de un pequeño equipo de gente, algunos profesionales añadidos que se comportaron con el mismo sentido de la historia y la connivencia, apoyo y ejemplaridad de Alfonso Diaz Caravantes, al cual le debemos este histórico proceso así como la felicidad de nuestra madre en los años posteriores, hasta su fallecimiento. No fue fácil, abordar este asunto con la Duquesa. Quién le planteaba a una persona con su fuerza, carácter y personalidad, donar su patrimonio en vida, quedándose con el usufructo y goberna-

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