Anales de la RANM
64 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 RM EN EL CÁNCER DE VEJIGA: VI-RADS Y SU IMPACTO CLÍNICO Fontenla-Martínez C, et al. An RANM. 2026;143(01): 56 - 66 diagnóstico en tumores con variantes histológicas del carcinoma urotelial, con sensibilidades del 82–94 % y especificidades del 94–100 %. En estos casos, hallazgos como señal heterogénea en T2, necrosis intratumoral o valores ADC bajos pueden sugerir un comportamiento biológico más agresivo y alertar al radiólogo sobre la posible presencia de una variante histológica (25). La evaluación tras la RTU o después del tratam- iento intravesical con BCG supone otro desafío diagnóstico, debido a los cambios inflamatorios, hemorrágicos y fibróticos que pueden simular o enmascarar recidiva tumoral y alterar la interpre- tación de las secuencias funcionales. Por este motivo, siempre que sea posible, la RM debe planificarse antes de cualquier manipulación vesical; cuando esto no sea factible, es recomend- able diferir el estudio al menos 6–8 semanas tras la RTU (24). Finalmente, la correcta aplicación del sistema VI-RADS requiere experiencia. Diversos estudios coinciden en que es necesaria una curva de aprendizaje estimada de 100–150 casos para alcanzar una precisión diagnóstica comparable a la descrita en la literatura, incluso utilizando protocolos técnicamente optimizados (19). APLICABILIDAD CLÍNICA En la práctica clínica, el uso de la RM vesical y del sistema VI-RADS puede adaptarse a los recursos disponibles y a los objetivos diagnósticos de cada centro (Figura 1). Con el fin de optimizar recursos, reducir procedimientos invasivos y acortar los tiempos diagnósticos, la RM podría reservarse preferentemente para lesiones con sospecha de invasión muscular, como lesiones pediculadas sospechosas, lesiones sésiles o planas, excluy- endo aquellas claramente benignas o de muy bajo riesgo. La RM vesical realizada tras la cistoscopia o la detección tumoral por otra técnica de imagen y antes de la RTU diagnóstica aporta un elevado VPN en lesiones de bajo riesgo (VI-RADS ≤2). En escenarios seleccionados, y siempre en concord- ancia con los hallazgos histopatológicos y el contexto clínico, permite seleccionar pacientes en los que podría evitarse la re-RTU-V, reduciendo procedimientos invasivos, morbilidad y tiempos diagnósticos. En el extremo opuesto, ante una alta sospecha de invasión muscular y extensión extraves- ical (VI-RADS 5), la RM muestra una elevada concordancia con el diagnóstico de tumor vesical músculo-invasivo. En estos casos, la información aportada por la RM permite planificar una RTU más dirigida, orientada a la confirmación histológica y a la obtención de material tisular, minimizando el riesgo de complicaciones como la perforación vesical asociada a biopsias profundas. El manejo de las lesiones VI-RADS 3 y 4 continúa siendo motivo de debate. Diversos estudios han confirmado el buen rendimiento diagnóstico del sistema, con sensibilidades cercanas al 87 % y especificidades del 86–94 %, además de una alta concordancia interobservador(26-30). VI-RADS 3 ofrece mayor sensibilidad, mientras que VI-RADS 4 es más específico; por ello, VI-RADS 3 se considera el punto de corte razonable para la sospecha de invasión muscular, guiando la indicación de re-RTU tras una RTU inicial negativa. (26-31) Figura 7.
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