Anales de la RANM
163 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 MEDICINA DE PRECISIÓN E IMAGEN MÉDICA Martí-Bonmatí L, et al. An RANM. 2026;143(02): 160 - 166 afectan a la exactitud en RM incluyen las imperfec- ciones de la secuencia de adquisición, las inhomoge- neidades de los campos magnéticos B0 y B1, el uso de modelos matemáticos simplificados, los errores en la calibración, y la vibración del maniquí o el movimiento del paciente durante la exploración (9). La precisión describe la dispersión de unas mediciones repetidas, independientemente de si son correctas o no. Se cuantifica mediante las métricas de la desviación estándar, el coeficiente de variación, el error estándar y los coeficientes de reproducibilidad y repetibilidad. Una medición puede ser muy precisa (con una baja dispersión) aunque sea inexacta (es decir, alejada del valor verdadero) o, al contrario, exacta pero imprecisa. El ejemplo clásico en una diana son los impactos que pueden agruparse mucho (alta precisión) pero estar lejos del centro (baja exactitud) (8). Por otro lado, la fiabilidad evalúa la capacidad de una medición para producir resultados consis- tentes y distinguir correctamente entre sujetos o tejidos en condiciones variables. En imagen médica se analiza habitualmente mediante el coeficiente de correlación intraclase, la concordancia test-retest, o la reproducibilidad entre equipos y entre centros. Depende simultáneamente de la precisión de la medición y de la variabilidad biológica entre individuos: una técnica muy precisa puede mostrar una fiabilidad limitada en una cohorte homogénea, donde la variabilidad entre sujetos es pequeña en relación con el error de medida (8). En estudios multicéntricos, la secuencia habitual de validación de un biomarcador cuantitativo sigue un flujo definido por los siguientes pasos: 1) exactitud (validada con fantomas), 2) precisión (repetibilidad), 3) reproducibilidad (entre escáneres, fabricantes y centros), y 4) fiabilidad clínica. Para que un biomarcador cuantitativo sea útil clínicamente debe demostrar exactitud respecto al parámetro físico o biológico de referencia, precisión en adquisiciones repetidas, y fiabilidad para distinguir de forma robusta entre pacientes, centros y momentos temporales. LA INCERTIDUMBRE CLÍNICA EN LA ENFERMEDAD HEPÁ- TICA: NECESIDAD DE BIOMARCADORES NO INVASIVOS La esteatosis hepática metabólica (EHmet) es la hepatopatía crónica más prevalente a nivel mundial, íntimamente ligada con comorbili- dades metabólicas como la obesidad y la diabetes tipo 2 (10). Su historia natural progresa desde la esteatosis simple hacia la esteatohepatitis, la fibrosis, la cirrosis y finalmente el carcinoma hepatocelular (HCC). La biopsia hepática ha sido históricamente el patrón de referencia para evaluar la EHmet. Sin embargo, este procedimiento presenta limitaciones inherentes que generan incertidumbres. Así, el tamaño muestral es mínimo (aproximadamente el 0,0002% del volumen hepático total); la calidad de la muestra puede ser subóptima cuando no se obtienen al menos once espacios portales; la lectura por el patólogo es subjetiva, con discrepancias inter- e intraobservador superiores al 30%; la morbilidad del procedimiento alcanza hasta el 5%; y la aceptación por parte del paciente es limitada, especialmente si se requiere seguimientos o la enfermedad es asintomática (11). Además, la histología convencional emplea puntua- ciones categóricas ordinales y subjetivas, mientras que la patología digital mediante análisis de imagen digital (DIA) no está completamente incorporada ni estandarizada. Desde una perspectiva fisiopatológica, la esteatosis y la sobrecarga de hierro son los princi- pales determinantes de la progresión hacia fibrosis hepática moderada-avanzada (12). La aprobación de nuevos tratamientos farmacológicos como el resmetirom para la esteatohepatitis con fibrosis moderada-avanzada estadios F2-F3, hace aún más urgente disponer de biomarcadores no invasivos, reproducibles y sensibles al cambio para la monito- rización terapéutica (13). BIOMARCADORES DE IMAGEN PARA ESTEATOSIS Y SOBRE- CARGA DE HIERRO HEPÁTICOS Ecografía La ecografía es la técnica de imagen más accesible para el cribado de la esteatosis hepática. En la imagen ecográfica la esteatosis genera un aumento de la ecogenicidad parenquimatosa, con una relación hígado/riñón superior a 1,3-1,5 como indicador semicuantitativo. Para la cuantificación de la esteatosis, los parámetros ecográficos basados en la atenuación ultrasónica de una región del lóbulo derecho hepático, como el Parámetro de Atenuación Controlada (CAP) y la Atenuación Cuantitativa 2D, han demostrado una mayor rendimiento diagnóstico y reproducibilidad que la imagen en escala de grises convencional (14). Los mapas de confianza ecográ- ficos permiten además identificar estos paráme- tros eliminado las estimaciones menos fiables y mejorando así la robustez del análisis (15). Su área de incertidumbre descarta las zonas de baja sensibi- lidad que no permiten clasificar adecuadamente la gravedad de la afectación en la región definida. Tomografía computarizada La tomografía computarizada (TC) adquirida sin la administración de contraste intravenoso permite una detección oportunista de la esteatosis. Unos valores de atenuación hepática inferiores a 40 unidades Hounsfield (HU) indican la presencia de esteatosis moderada, y unos valores superiores a 75 HU sugieren una sobrecarga de hierro. Sin embargo, la grasa y el hierro presentan efectos de confusión mutuos que limitan su cuantificación simultánea (16). La TC espectral sin contraste
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