Anales de la RANM
17 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 LA DETECCIÓN DE LA ENFERMEDAD MÍNIMA RESIDUAL Díaz-Rubio E An RANM. 2026;143(01): 16 - 27 INTRODUCCIÓN El cáncer colorrectal (CCR) constituye en la actualidad uno de los principales retos de la oncología moderna, tanto por su elevada incidencia como por el notable impacto clínico, social y económico que conlleva. Según los datos más recientes de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM 2025) (1), elaborados a partir de los registros nacionales (REDECAN) (2) y de la Agencia Internacional para la Investi- gación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (3), el CCR se sitúa como la neoplasia maligna más frecuente en España, con 44.573 nuevos diagnósticos anuales, lo que representa aproximadamente el 15% de todos los tumores malignos. La prevalencia a cinco años se estima en 84.763 casos y la mortalidad anual alcanza los 15.114 fallecimientos, lo que convierte al CCR en la segunda causa de muerte por cáncer en nuestro país. El pronóstico del CCR depende de forma crítica del estadio tumoral en el momento del diagnós- tico. La supervivencia global a cinco años supera el 90% en el estadio I (T1–2, N0), se sitúa entre el 60% y el 80% en el estadio II (T3–4, N0), desciende al 30–60% en el estadio III (N+) y cae por debajo del 5% en el estadio IV, corres- pondiente a enfermedad metastásica. Desde el punto de vista epidemiológico, aproximadamente el 10–15% de los pacientes se diagnostican en estadio I, el 30% en estadio II, el 35% en estadio III y entre el 20% y el 25% en estadio IV. En conjunto, los estadios I y II representan más de 28.000 nuevos casos anuales en España, constitu- yendo el núcleo principal de pacientes con CCR potencialmente curable mediante cirugía, con o sin tratamiento adyuvante (Figura 1). faster and universally applicable but generally less sensitive. Numerous prospec- tive studies and clinical trials —including DYNAMIC, CIRCULATE-JAPAN, and BESPOKE— have consistently demonstrated the strong prognostic value of ctDNA, consolidating it as the most robust biomarker in localized CRC. Moreover, longitu- dinal ctDNA monitoring provides an opportunity to guide therapeutic decisions: reducing unnecessary chemotherapy in ctDNA-negative patients while considering treatment intensification in ctDNA-positive cases. Nevertheless, significant challenges remain, including low shedding tumors, false positives derived from clonal hematopoiesis (CHIP), lack of standardization across platforms, and high costs. Despite these limitations, the future of ctDNA in clinical practice is highly promising, with potential applications not only in tailoring adjuvant therapy and enabling earlier detection of relapse but also in population- based CRC screening. In conclusion, ctDNA represents a paradigm shift in precision oncology for CRC, offering the opportunity to personalize therapeutic management and improve patient outcomes through earlier, biology-driven interventions. Figura 1. Incidencia y mortalidad del cáncer colorrectal en España y número estimado de pacientes diagnosticados anualmente en estadios II–III, potencialmente curables y principales candidatos a estrategias basadas en ADN tumoral circulante. MAGNITUD DEL CÁNCER COLORRECTAL Y RELEVANCIA DEL ESTADIO LOCALIZADO
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