Anales de la RANM
18 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 LA DETECCIÓN DE LA ENFERMEDAD MÍNIMA RESIDUAL Díaz-Rubio E An RANM. 2026;143(01): 16 - 27 Los programas de cribado poblacional, basados fundamentalmente en la detección de sangre oculta en heces y la colonoscopia, han contribuido de forma significativa al incremento del diagnós- tico precoz. Sin embargo, un número relevante de pacientes continúa presentándose en estadios avanzados. Además, las herramientas actual- mente empleadas para la monitorización postqui- rúrgica —principalmente el antígeno carcino- embrionario (CEA) y las técnicas de imagen, como la tomografía computarizada— presentan limitaciones importantes en la detección de la enfermedad mínima residual (EMR; minimal residual disease , MRD), ya que identifican la recaída cuando la carga tumoral es ya elevada, del orden de ≥10⁹ células. En este contexto, el concepto de enfermedad mínima residual adquiere una relevancia central. La EMR se define como la persistencia de células tumorales viables tras un tratamiento con intención curativa que no son detectables mediante los métodos diagnósticos convencio- nales. La identificación de la EMR a través del ADN tumoral circulante (ADNtc; circulating tumor DNA , ctDNA) representa un auténtico cambio de paradigma en el manejo del CCR localizado. Este biomarcador permite detectar la recurrencia tumoral en fases mucho más precoces, cuando la carga celular se sitúa en torno a 10⁵–10⁶ células. Este inter valo temporal, denominado “periodo ventana”, abre la posibi- lidad de inter venir de forma anticipada, antes de que la enfermedad sea clínicamente manifiesta, ofreciendo así una oportunidad única para optimizar el tratamiento adyuvante y mejorar los resultados oncológicos. TRATAMIENTO ADYUVANTE EN LOS ESTADIOS II Y III La cirugía constituye la base del tratamiento del cáncer colorrectal (CCR) localizado. Sin embargo, incluso tras una resección completa con intención curativa, un porcentaje significativo de pacientes presenta recaída, fundamentalmente como consecuencia de la persistencia de enfermedad mínima residual (EMR). Con el objetivo de reducir este riesgo, se emplea la quimiote- rapia adyuvante, cuya indicación y magnitud del beneficio varían en función del estadio tumoral. De acuerdo con las guías de la European Society for Medical Oncology (ESMO), los esquemas de tratamiento adyuvante se basan en fluoropirimi- dinas (5-fluorouracilo o capecitabina), asociadas a ácido folínico y oxaliplatino, fundamentalmente mediante los regímenes FOLFOX o CAPOX (4,5). En el estadio II, aproximadamente el 80% de los pacientes se curan exclusivamente con cirugía. En este contexto, la quimioterapia adyuvante aporta un beneficio adicional modesto en términos de supervivencia global, estimado en torno al 3–5%. Dicho beneficio se concentra principalmente en los pacientes considerados de alto riesgo, definidos por la presencia de factores adversos como tumores T4, perforación u obstrucción intestinal, invasión linfática o perineural, un número insuficiente de ganglios linfáticos resecados y la ausencia de inestabilidad de microsatélites (fenotipo MSS). En consecuencia, se distinguen estadios II de bajo riesgo, en los que la cirugía suele ser suficiente, y estadios II de alto riesgo, en los que se recomienda la administración de quimioterapia adyuvante (Figura 2). Figura 2. Esquema del abordaje actual del tratamiento adyuvante en el cáncer colorrectal localizado, basado fundamentalmente en el estadio tumoral, y de las tasas de recaída observadas a pesar de la cirugía y la quimioterapia adyuvante estándar. SITUACIÓN ACTUAL DEL TRATAMIENTO ADYUVANTE EN EL CÁNCER COLORRECTAL LOCALIZADO
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