Anales de la RANM
57 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 RM EN EL CÁNCER DE VEJIGA: VI-RADS Y SU IMPACTO CLÍNICO Fontenla-Martínez C, et al. An RANM. 2026;143(01): 56 - 66 INTRODUCCIÓN El cáncer de vejiga representa uno de los princi- pales desafíos de la oncología urológica debido a su elevada incidencia, alta tasa de recurrencia y mortalidad asociada. Según el Observatorio Global del Cáncer (GLOBOCAN 2022), es el noveno tumor más frecuente y la decimotercera causa de muerte por cáncer a nivel mundial (1). En España, fue el quinto tumor más frecuente en incidencia en 2023 y ocupa el octavo lugar en mortalidad, siendo el segundo cáncer urológico en prevalencia tras el de próstata (2). La elevada tasa de recurrencia obliga a múltiples procedimientos diagnósticos y terapéuticos — controles endoscópicos, resecciones transuretrales e instilaciones intravesicales—, lo que conlleva una considerable morbilidad para los pacientes y una sobrecarga asistencial y económica para los sistemas sanitarios. Su elevada incidencia, prevalencia y mortalidad subrayan la necesidad de establecer estrategias eficaces para la prevención, el diagnóstico precoz y la optimización terapéutica, con el fin de mejorar los resultados clínicos y reducir la morbimortal- idad asociada. El abordaje del cáncer vesical requiere comprender sus factores de riesgo, histología, anatomía y la estadificación TNM, ya que la distinción entre no músculo-invasivo (TVNMI) y músculo-invasivo (TVMI) constituye el punto de inflexión pronós- tico y terapéutico. EPIDEMIOLOGÍA Y FACTORES DE RIESGO El tabaquismo es el principal factor de riesgo, hasta el 65 % de los casos, debido a la excreción urinaria de carcinógenos como aminas aromáticas, hidrocarburos aromáticos policíclicos y nitrosam- inas, con una clara relación dosis-respuesta (3,4). Aunque el riesgo disminuye tras el cese del hábito tabáquico, no se equipara al de los no fumadores. La exposición ocupacional a aminas aromáticas en industrias como el caucho, tintes, cuero, pintura o metalurgia explica aproximadamente el 10 % de los casos (4,5). Otros factores de riesgo incluyen anomalías congénitas (uraco persistente), tratam- ientos previos con ciclofosfamida o radioterapia pélvica, infecciones urinarias crónicas y el uso prolongado de catéteres permanentes. En regiones endémicas de África y Oriente Medio, la esquis- tosomiasis se asocia de forma característica al carcinoma escamoso de vejiga (5). El cáncer de vejiga es más frecuente en varones, con una proporción aproximada de 4:1 respecto a las mujeres, y la mayoría de los diagnósticos se realizan a partir de los 65 años (1). ANATOMÍA VESICAL La vejiga es un órgano hueco, muscular y extraperi- toneal, cuya pared está formada por tres capas principales. La capa más interna corresponde a la mucosa, compuesta por el urotelio y la lámina propia; esta última puede contener una fina capa de músculo liso denominada muscularis mucosae. La capa intermedia es la muscularis propia o músculo detrusor, constituida por fibras musculares lisas entrelazadas, cuya invasión define el tumor vesical músculo-invasivo (TVMI). La capa más externa corresponde a la serosa únicamente en la cúpula vesical, estando el resto de la superficie recubi- erta por una adventicia de tejido conectivo y grasa perivesical. Desde el punto de vista oncológico, esta disposición anatómica es crítica, ya que la invasión tumoral modifica el estadio y el pronós- tico de la enfermedad (6). HISTOLOGÍA TUMORAL El carcinoma urotelial (antes conocido como “de células transicionales”) representa aproximada- mente el 90 % en países occidentales (7), existen variantes con peor pronóstico: micropapilar (que VI-RADS categories 1–2 show a high negative predictive value, which may allow avoidance of repeat transurethral resection (re-TURB) in cases with concordant histology. VI-RADS category 5 is associated with a high risk of detrusor muscle invasion and extravesical extension, whereas categories 3–4 demonstrate different balances between sensitivity and specificity. Bladder MRI performed after cystoscopy or tumor detection by another imaging modality and prior to diagnostic transurethral resection (TURB) may, in selected cases (VI-RADS 1, 2, and 5), shorten diagnostic pathways and reduce unnecessary procedures, including repeat TURB. Limitations exist in anatomically complex locations, bladder diverticula, flat lesions, histological variants, and post-TURB or post-BCG settings. Achieving diagnostic accuracy comparable to that of expert readers requires a dedicated learning curve for radiologists.
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