Anales de la RANM
59 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 RM EN EL CÁNCER DE VEJIGA: VI-RADS Y SU IMPACTO CLÍNICO Fontenla-Martínez C, et al. An RANM. 2026;143(01): 56 - 66 la European Association of Urology (EAU), la evaluación inicial ante la sospecha clínica incluye anamnesis, citología urinaria, cistoscopia, resección transuretral de vejiga (RTU-V) y pruebas de imagen para la estadificación (11) (Figura 1). La cistoscopia permite identificar lesiones vesicales sospechosas y, en un segundo tiempo bajo anestesia, se realiza la RTU-V, procedimiento de referencia para la obtención de diagnóstico histológico y la resección del tumor visible. Esta técnica conlleva posibles complicaciones como hematuria franca, perforación y, raramente, diseminación extravesical (sobre todo en TVMI). Es imprescindible que la muestra incluya músculo detrusor para una correcta estadificación. No obstante, la RTU-V presenta limitaciones, la infraestadificación tumoral y la posibilidad de enfermedad residual. Se ha descrito persistencia tumoral tras la primera RTU en hasta el 30 % de los casos, dependiendo de la experiencia del operador (11,12). Por este motivo, las guías de la EAU recomiendan la realización de una segunda RTU (re-RTU-V) en casos de resección incompleta, ausencia de músculo en la muestra inicial y en la mayoría de los tumores T1, a excepción de tumores Ta de bajo grado o carcinoma in situ primario. La re-RTU-V debe realizarse idealmente entre las 2 y 6 semanas posteriores a la intervención inicial, lo que puede retrasar la estadificación definitiva y el inicio del tratamiento (13,14). La radiología contribuye al diagnóstico, estadi- ficación, planificación terapéutica y seguimiento del cáncer de vejiga (15,16). La ecografía abdominal es útil como prueba inicial en estudio de hematuria y para la detección oportunista de lesiones vesicales. La sensibilidad es limitada en vejigas no distendidas, pacientes incontinentes y lesiones pequeñas, planas o locali- zadas en el cuello. Estudios recientes en distintos centros han explorado el uso de la ecografía con contraste (CEUS) en el cáncer vesical, mostrando que puede discriminar entre tumores Ta–T1/bajo grado y T2/alto grado con elevada sensibilidad y especificidad (17). El TC con contraste tiene papel en la evaluación del tracto urinario superior y en la valoración de la extensión extravesical (estadificación T), el compromiso ganglionar (N) y la detección de metástasis a distancia (M) (15,18). La RM permite una estadificación local más precisa gracias a su superior resolución de contraste tisular respecto a la TC, lo que facilita una mejor diferenciación de las capas de la pared vesical y una valoración más exacta de la invasión del músculo detrusor. Además, resulta útil en la reevaluación tras tratamientos sistémicos como la quimioterapia o inmunoterapia o durante la vigilancia activa de tumores T1 (10, 19, 20- 23). Es relevante considerar que, tras la RTU-V aparecen cambios inflamatorios que modifican la apariencia de la pared vesical y pueden simular o enmascarar una lesión. Por este motivo, se recomienda realizar la RM de diagnóstico previa a la RTU. Si el procedimiento ya se ha efectuado, la sensibilidad y especificidad del estudio disminuyen, y se aconseja esperar al menos 6–8 semanas antes de realizar la exploración, a fin de reducir los cambios inflamatorios (24). El creciente respaldo de las sociedades científicas refleja la sólida evidencia disponible sobre el rendimiento diagnóstico y el elevado valor predic- tivo negativo de la RM vesical (11). VI-RADS El sistema VI-RADS ( Vesical Imaging-Reporting and Data System ) proporciona directrices estandarizadas para la adquisición, interpretación y categorización de los hallazgos de la RM con el objetivo de mejorar la reproducibilidad diagnós- tica, la comunicación interdisciplinar y la toma de decisiones clínicas (10). A diferencia de otros sistemas, VI-RADS no estima la probabilidad de malignidad, sino que estratifica el riesgo de invasión del músculo Figura 1.
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