Anales de la RANM

77 A N A L E S R A N M R E V I S T A F U N D A D A E N 1 8 7 9 OCRONOSIS EXÓGENA An RANM. 2026;143(01): 76 - 83 Arteaga-Trincado A, et al. exógena, consecuencia de la exposición prolon- gada a determinados compuestos fenólicos tópicos. Esta variante fue descrita por primera vez a comienzos del siglo XX por el patólogo alemán Ludwig Pick, quien observó un cuadro cutáneo similar tras la exposición a fenol. Décadas más tarde, otro hallazgo decisivo llegó con los trabajos de Findlay y De Beer (1975), que establecieron de manera inequívoca la relación entre el uso crónico de hidroquinona tópica y la aparición de esta patología (3,4). Existen por tanto dos formas de ocronosis bien diferenciadas: 1) La endógena o alcaptonuria, de caracter genético y con afectación sistémica; 2) La exógena, de carácter adquirido y circunscrita a la piel, provocada por la acumulación dérmica de pigmentos ocronóticos tras el uso prolongado de derivados fenólicos —entre ellos la hidroqui- nona— como agentes despigmentantes. Esta última constituye el objeto de la presente revisión. Aunque inicialmente considerada una curiosidad clínica limitada a pacientes de piel oscura en África y Sudamérica, en la actualidad se reconoce su aparición en individuos de distintos fototipos y procedencias, impulsada por el uso global de cosméticos blanqueadores. Su importancia radica no sólo en el impacto estético y psicológico que produce, sino también en las dificultades diagnósticas y terapéuticas que plantea, siendo con frecuencia confundida con el empeoramiento de la hiperpigmentación subyacente (3). Dado el relativo desconocimiento de esta entidad y el aparente aumento de su incidencia, se realizó una revisión de la literatura utilizando como término principal de búsqueda exogenous ochronosis . La búsqueda se llevó a cabo en las bases de datos PubMed y Cochrane Library, incluyendo todos los estudios disponibles hasta la fecha. ETIOLOGÍA Y PATOGÉNESIS Aunque esta enfermedad se ha descrito con la exposición prolongada a multitud de compuestos fenólicos como el resorcinol o el ácido pícrico, siendo el más íntimamente relacionado por mucho la hidroquinona. La hipótesis vigente hasta este mismo año es la postulada por Penneys en 1985 que describía a la ocronosis exógena como una enfermedad causada por la inhibición de la ácido homogentísico oxidasa producida por la hidroqui- nona tras fotooxidarse, causando una acumula- ción de ácido homogentísico que posteriormente se polimeriza formando los acúmulos clásicos de pigmento ocronótico en la dermis (5). Recientemente, Ito et al. han propuesto un auténtico cambio de paradigma a partir de un estudio traslacional. Demuestran que la homogentisato dioxigenasa (HGD) ni siquiera se expresa en la piel humana. Su expresión es fundamentalmente hepática, donde detoxifica el ácido homogentísico, por lo que es improbable que la hidroquinona tópica alcance el hígado en cantidades suficientes para inhibirla y, además, la afinidad de la hidroquinona por la HGD es baja. En conjunto, todo ello hace poco verosímil que la inhibición de HGD sea el mecanismo causal de la ocronosis exógena. En su lugar, plantean que la tirosinasa oxida la hidroquinona lo cual, tras distintas cascadas químicas, genera hidroqui- nona-eumelanina (HQ-EM) e hidroquinona- feomelanina (HQ-PM) entre otros productos. Al acumularse en los melanosomas, estos compuestos provocan una reducción tóxica de la actividad del melanocito (de ahí el efecto despigmentante de la hidroquinona), y no una inhibición directa de la tirosinasa, como se había postulado. Parte de los metabolitos de bajo peso molecular, sin embargo, escapan del melanosoma y, en lugar de migrar hacia las porciones superiores de epidermis, se filtran a la dermis, donde se unen a fibras de colágeno fotodañadas, formando las partículas ocronóticas características, lo cual explica que esta enfermedad se produzca casi exclusivamente en areas fotoexpuestas (6). EPIDEMIOLOGÍA La evidencia más reciente sintetizada por Ishack y Lipner sitúa a la ocronosis exógena asociada a hidroquinona como una entidad que predomina en la mediana edad y muestra una ligera prepon- derancia del sexo femenino. La susceptibilidad por fototipo es clara: la enfermedad aparece con mayor frecuencia en fototipos altos, resulta extraordinariamente infrecuente en pacientes de fototipo II y no se han publicado casos en fototipo I. En cuanto a la distribución étnica, la población negra es, con diferencia, la más afectada; le siguen las poblaciones asiáticas, mientras que en personas blancas los casos son excepcionales (3). Un segundo eje epidemiológico clave es la exposición acumulada a hidroquinona, tanto en concentración del producto como en duración del uso. La revisión de Ishack y Lipner identifica una correlación positiva entre concentraciones superiores al 4% y el desarrollo de la enfermedad, así como entre exposición prolongada y aparición de lesiones. De hecho, en la mayoría de los casos descritos la hidroquinona superaba el 4% y la duración de uso fue igual o superior a 4–5 años. No obstante, los autores señalan que existen casos con concentraciones ≤4% y exposiciones más breves, lo que sugiere que, aunque dosis y tiempo actúan como potentes moduladores del riesgo, no son los únicos determinantes (3). En ausencia de estudios con inferencia estadística formal de la incidencia en la población, los datos históricos aportan aproximaciones poblacio- nales útiles. En una serie sudafricana de 5.128 usuarios de cremas con hidroquinona tópica no regulada durante un año, se observó que el 7,7% desarrolló ocronosis exógena, una cifra que ilustra

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