Autor: Diego Gracia Guillén
Editorial: Triacastela. Madrid 2025
Hay libros, como el que hoy comentamos, que atesoran años de reflexión. Los libros de Diego Gracia han pasado por el tamiz de una amplia experiencia en Comités de Ética Asistencial, muchas horas de docencia e investigación. Por consiguiente, son libros fogueados en los problemas cotidianos, pero no por ello renuncia nuestro autor a insertarlos en una profunda discusión filosófica. Al contrario. Me gusta pensar que Diego Gracia traduce al lenguaje filosófico lo que es la visión del profesional clínico, y viceversa, aproxima al médico lo que son conceptos netamente filosóficos.
Para entender el libro que comentamos, permítame el lector situarlo en la trayectoria intelectual de Gracia. Formado en EE.UU. en los mismos inicios de la Bioética, Diego Gracia se percata de que el enfoque de los cuatro principios (Beauchamp y Childress), -a saber, beneficencia, no-maleficencia, justicia y autonomía-, simplifica en exceso la realidad moral y reduce el análisis a una contienda mecánica sobre la jerarquía de estos principios. Los valores tienen más matices y, ponderarlos, exige una metodología no menor de la que un clínico usa para establecer un diagnóstico diferencial. Diego Gracia ha diseccionado en otras obras (1,2) estos procedimientos, y propone lo que llama “método deliberativo”: ante un reto que suele aparecer como dilemático, de “si” o de “no”, (por ejemplo, “¿debo darle este ansiolítico a este paciente drogodependiente, o mejor negárselo?”), aconseja “problematizar”, eso es, abrir el abanico de respuestas posibles, la gama de grises entre el blanco y el negro.
El método deliberativo de Diego Gracia hoy en día es de referencia para todos los Comités de Ética. No vamos aquí a desarrollarlo, porque la obra que comentamos va más allá: estudia la deliberación como opción de especie. Para nuestro autor, lo específicamente humano, aquello que nos diferencia de los animales, es la deliberación. El ser humano no es solo un “animal racional”, además es un “animal deliberante“. Podemos decidir de manera automática, en efecto, pero para lo importante abrimos un espacio imaginario en el que examinamos y ponderamos diferentes cursos de acción.
Este esfuerzo reflexivo lo hacemos para disminuir las incertezas en la que, constantemente, nos movemos. ¿Cuáles son mis grados de libertad? ¿Cuál puede ser mi mejor opción? A este proceso Gracia lo llama teoría de la racionalidad deliberativa. El libro, por consiguiente, se encamina a cimentar una teoría de la deliberación.
¿Es relevante una teoría de la deliberación? Si lo es y trataré de defenderlo tomando al efecto cuatro ideas centrales del libro:
- Se ha intentado modelizar la toma de decisiones como una toma de decisiones por elección racional, considerando dos variables fundamentales: la probabilidad de un evento y las preferencias que mostramos para dicho evento. Pero tenemos muchas evidencias de que este modelo fracasa. La propuesta de Diego Gracia es que la toma de decisiones específicamente humana incorpora sentimientos valorativos, propios del sujeto, pero también valoraciones culturales, grupales, etc. De ahí la necesidad de una teoría de la deliberación.
- Diego Gracia distingue dos tipos de deliberación, la “natural” y la específicamente moral. Sobre la “natural” afirma: “Las decisiones se toman a la vista de los hechos, pero impregnados de (o humanizados por) los valores. Solo delibera quien valora, y no hay deliberación sin valoración”(pág. 19). Es decir, para nuestro autor más que hablar de preferencias hay que hablar de valoraciones. En la base de la deliberación natural tendríamos la apreciación de valor, por un lado, -con toda la carga de influencia cultural, familiar, grupal, histórica, que influye y delimita el valor de las cosas-, y por otro la probabilidad de dicho evento.
- La deliberación moral, en cambio, es un proceso complejo que exige formación teórica y práctica. No podemos confundirla con un simple diálogo e intercambio de opiniones. Es un método complejo y exigente que consta de varios momentos, (y simplifico): análisis de los hechos, identificación de los valores implicados, deberes, cursos alternativos valorando consecuencias y elección del curso de acción óptimo. Si cortocircuitamos la deliberación con un “ya sé lo que debo hacer”, empobrecemos notablemente el resultado.
No entraremos aquí a detallar el procedimiento deliberativo, pero subrayaremos, con nuestro autor, las barreras que dificultan una provechosa deliberación: prisas, exigencias de nuestro entorno, y sobre todo, aspectos de nuestra personalidad, dan al traste fácilmente con un procedimiento que exige paciencia, suspensión de creencias, observación, diálogo, y mucha prudencia (pág.610). Ejemplos: una personalidad narcisista tendrá serias dificultades para escuchar. La persona impulsiva se dejará llevar por un “ya sé lo que debo hacer”, el dogmático se sentirá inseguro dejando en suspensión sus primeras corazonadas, etc. Todo ello hace exclamar a nuestro autor que deliberar no es ni fácil ni sencillo:
“A deliberar se aprende. El buen deliberador no nace, se hace. Y he aquí que, sin embargo, es la gran desconocida en los procesos educativos. (…) Diríase que entrenamos a nuestros jóvenes para la darwiniana lucha por la vida, como si de puros animales se tratara, pero no para el complejo proceso de la deliberación humana. ¿Es esto correcto?”(pag.21)
- Y si estamos hablando de una distinción entre deliberación natural y moral, deberíamos también mencionar otra distinción: la que nuestro autor establece entre deliberación aristotélica y deliberación estoica. La primera parte de valores enfrentados para deliberarlos, la segunda prioriza el respeto a leyes naturales. Nuestro autor afirma que solo la primera promueve la autonomía, mientras que la segunda es fundamentalmente heterónoma, (eso es, dependiente de normas dictadas “ex ante”). En lenguaje de la calle: si aplicamos las normas deontológicas sin deliberar sobre los valores enfrentados, nos perdemos la esencia misma del proceso deliberativo.
Para finalizar permítaseme citar uno de los mensajes más potentes del libro, (propio de alguien que considera la educación como base de una sociedad próspera, pág 612):
“La deliberación es el procedimiento de la razón práctica, por tanto, de la toma de decisiones por parte de los seres humanos, y de que la sepamos manejar adecuadamente depende en buena medida el futuro de nuestra sociedad. El problema es, a fin de cuentas, qué sociedad queremos, si una sociedad competitiva o una sociedad deliberativa” (pág. 597).
DECLARACIÓN DE TRANSPARENCIA
El autor/a de este artículo declara no tener ningún tipo de conflicto de intereses respecto a lo expuesto en el presente trabajo.
BIBLIOGRAFÍA
- ↑Gracia D. Procedimientos de decisión en ética clínica. Ed. Triacastela. Madrid 2007
- ↑Gracia D, Júdez J (Ed) Ética en la práctica clínica. Ed. Triacastela. Madrid 2004.
Francesc Borrell-Carrió
E-Mail: 12902fbc@comb.cat
Enviado: 21.10.25
Revisado: 29.10.25
Aceptado: 14.11.25

