Año 2018 · Número 135 (02)

Enviado: 17.04.18
Revisado: 27.04.18
Aceptado: 25.05.18

Nicolás Achúcarro. Su vida y su legado a los cien años de su muerte

Nicolás Achúcarro. His life and his legacy a hundred years after his death

DOI: 10.32440/ar.2018.135.02.rev02

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Resumen

El artículo analiza la vida y el legado del histólogo Nicolás Achúcarro en el centenario de su muerte acaecida en 1918. Nacido en Bilbao en 1880 recibe una excelente formación cultural y médica en España y en distintos países europeos. Entre sus maestros y amigos destacan Unamuno, Ramón y Cajal, Olóriz, Madinaveitia, Simarro, Giner de los Ríos, Juan Ramón Jiménez, Pierre Marie, Babinsky, Lugaro, Kraepelin o Alzehimer. Su mentalidad está influenciada por los tres grandes vectores que cruzaron su época: la restauración política y el regeneracionismo, el institucionismo promovido por la Institución libre de Enseñanza y el positivismo científico. Su legado para el presente y el futuro es su obra científica, su magisterio y su modelo de conducta. A la histología aporta una técnica histológica para identificar la neuroglia y el tejido conectivo, el carácter fagocítico de las denominadas células en bastoncito y su relación con las células granuloadiposas, la gliotectónica de la corteza cerebral y algunas características de las conexiones gliovasculares. Su magisterio se pone de relieve con la importancia de sus principales discípulos: Rio Hortega y Rodríguez Lafora. Los rasgos que destacan en su conducta son una gran determinación personal para constituirse en protagonista de su vida y una gran capacidad para aunar en su ejercicio médico la ciencia, la clínica y la cultura transmitiendo a la vez un entusiasmo contagioso en los estudiantes y discípulos. Recordar y rescatar a Achúcarro es, a los cien años de su muerte, hacer de su recuerdo impulso y no dejarlo simplemente en añoranza.

Abstract

The article analyzes the life and legacy of the histologist Nicolás Achúcarro on the centenary of his death in 1918. Born in Bilbao in 1880, he received an excellent cultural and medical training in Spain and in different European countries. Among his mentors and friends Unamuno, Ramón and Cajal, Olóriz, Madinaveitia, Simarro, Giner de los Ríos, Juan Ramón Jiménez, Pierre Marie, Babinsky, Lugaro, Kraepelin or Alzehimer should be mentioned. His mentality is influenced by the three great vectors that crossed his time: political restoration and regenerationism, institutionalism promoted by the Free Institution of Teaching and scientific positivism. His legacy for the present and the future is his scientific work, his disciples and his model of behavior. To the Histology Achúcarro provides a histological technique to identify glia and connective tissue, the phagocytic character of the so-called rod cells and its relationship with granuloadipose cells, the gliotectonics of the cerebral cortex and some characteristics of gliovascular connections. His scientific influence is highlighted with the importance of his main disciples: Rio Hortega and Rodriguez Lafora. The features that stand out in his behavior are a great personal determination to become the protagonist of his life and a great capacity to combine in his medical practice the science, the clinic and the culture transmitting, at the same time, a contagious enthusiasm to the students and disciples. Rescuing Achúcarro, a hundred years after his death, is to make his memory an impulse and not simply leave it in a remember.

Palabras clave: Achúcarro; Formación; Mentalidad; Legado; Glia.

Keywords: Achúcarro; Formation; Mentality; Legacy; Glia.


Introducción

El día 23 de Enero de 1923, desde la tribuna que les hablo, Jorge Francisco Tello, el más antiguo discípulo de D. Santiago Ramón y Cajal, pronuncia su discurso de ingreso en esta Real Corporación (1). Al poco de comenzar realiza la siguiente confesión:

“Al llegar ante vosotros como discípulo, el más humilde, de la pujante escuela de Cajal, perdonadme si contristo un instante vuestro sereno espíritu con el recuerdo del compañero más brillante, del fraternal amigo, del que hubiera sido el más digno sucesor del gran maestro: de Nicolás Achúcarro. En plena juventud, descubridor de hechos interesantísimos en la histología de los centros nerviosos e inventor de recursos técnicos valiosísimos, cuando en pleno triunfo todo le sonreía y la ciencia española veía en él una de sus más alentadoras esperanzas, nos fue arrebatado por la fatalidad”

Se trata de un justo y sincero homenaje a quien, muerto cinco años antes en plena juventud, quizá hubiera ocupado el sillón de la Academia que él iba a desempeñar a partir de ese momento.

El médico, el histólogo, el científico Nicolás Achúcarro y Lund nace en Bilbao el 4 de Junio de 1880 y muere en la misma ciudad, concretamente en Neguri, el 23 de Abril de 1918, hace exactamente cien años (2) (3) (4) (Fig.1). Con la intención de conmemorar el aniversario de su muerte y con el deseo de rescatar del pasado todo aquello que pueda estimular nuestro futuro, traigo a la Academia su figura, muy desconocida lamentablemente entre las nuevas generaciones de españoles.

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Fig 1. Nicolás Achúcarro (1880-1918)

Para aproximarnos a la figura de Don Nicolás Achúcarro vamos a considerar en primer lugar la época que le toco vivir, circunstancia ineludible en cualquier aproximación biográfica. En segundo lugar nos ocuparemos de su vida haciendo especial énfasis en su formación, su actividad profesional y su mentalidad, acaso lo más genuino y singular que posee el ser humano. Finalmente nos ocuparemos de su legado, es decir de todo lo que en nuestro presente pervive de su vida y de su obra y de todo lo que tiene vocación de pervivir en nuestro inmediato futuro.

NICOLÁS ACHÚCARRO. SU ÉPOCA

Cuando nace Achúcarro, en 1880, reina en España Alfonso XII, gobierna Antonio Cánovas del Castillo, se produce la abolición de la esclavitud en Cuba, comienzan las obras del canal de Panamá, publican “Follas novas” e “Historia de los heterodoxos españoles” Rosalía de Castro y Marcelino Menéndez y Pelayo, se inaugura la plaza de toros del Puerto de Santa María y Wabash, un pequeño pueblo de Indiana, se convierte en el primer pueblo del mundo iluminado con luz eléctrica. (5) (6) (7)

Cuando muere Achúcarro, en 1918, reina Alfonso XIII, gobierna Antonio Maura, se desarrolla la llamada gripe española, se declara parque nacional el parque de Ordesa y Federico y García Lorca y Joan Miró publican y exponen por primera vez (6) (7) (8).

Entre ambas fechas 1880 y 1918 tres grandes vectores han recorrido España: un vector político, la restauración y el regeneracionismo; un vector universitario, el institucionismo, y un vector científico, el positivismo.

La restauración y el regeneracionismo tienen lugar a partir de 1874, tras el derrocamiento de Isabel II, el reinado de Don Amadeo y la primera República. Con el pronunciamiento del General Martínez Campos se inicia el reinado de Alfonso XII, se elabora la Constitución de 1876 y se produce la denominada alternancia pactada entre los gobiernos de Antonio Cánovas y Práxedes Mateo Sagasta. Tras la guerra hispano-norteamericana y la pérdida de Cuba y Filipinas, reinando ya Alfonso XIII, se suceden los gobiernos de Antonio Maura y José Canalejas. Se trata de una época en la que emergen los nacionalismos, emergen los movimientos sociales que dan lugar a la semana trágica o la huelga general de 1917 y se genera en España una gran creatividad artística, literaria y científica (5) (6) (7) (8) . El regeneracionismo que se impulsa a partir de la pérdida de las posesiones de ultramar y la toma de conciencia del desnivel que España tiene respecto a Europa puede resumirse en tres actitudes: la necesidad de “reconstruir España por imitación de Europa” que postula Joaquín Costa; la necesidad de “reconstruir España desde la originalidad española” que postula Miguel de Unamuno y la necesidad de “hacer de España una posibilidad europea” que defiende José Ortega y Gasset (7).

El institucionismo parte de la fundación en 1876 de la Institución Libre de Enseñanza por Francisco Giner de los Ríos, Nicolás Salmerón y Gumersindo Azcárate, catedráticos que previamente habían sido expulsados de la Universidad por su defensa de la libertad de cátedra. En el seno de la Institución se crea en 1881 un Gabinete para la reforma educativa que va a ejercer una notable influencia en la sociedad española de su tiempo impulsando sucesivamente la creación del Ministerio de Instrucción Pública en 1900, la creación de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones científicas en 1907, la creación de la Residencia de Estudiantes en 1910 y la creación de sucesivos centros científicos entre los que destacan los Laboratorios de Histología e Histopatología del Sistema Nervioso y de Fisiología en la Residencia de Estudiantes en 1913 y 1916 respectivamente (9).

El institucionismo coloca a la educación en el eje de la vida social para fomentar el progreso, la responsabilidad social, la convivencia y las virtudes cívicas, fomenta la libertad de Cátedra sin supeditación dogmática alguna, la asociación entre el estudio y el contacto con la naturaleza, la enseñanza práctica de la ciencia y una reforma universitaria profunda que conduzca a una universidad educadora e investigadora (9).

El positivismo como movimiento filosófico tiene su origen en 1844 en el “Discurso del Espíritu Positivo” de Augusto Comte. – En España lo introduce a través del Ateneo en 1875 José Echegaray y en el ámbito de las ciencias médicas lo difunden Luís Simarro, Carlos Cortezo y José Ustáriz a través de los Anales de Ciencias Médicas en 1876. (10) (11)

Los principios que sustentan el conocimiento positivo son los siguientes: el hecho es la única realidad científica, y la experiencia y la inducción, los métodos exclusivos de la ciencia; la moral positiva se funda en hechos reales y pone al ser humano en dependencia de la sociedad; la organización social positiva debe tener el orden por base, y el progreso por fin; la finalidad de la ciencia positiva es el poder sobre la naturaleza y la acción en beneficio de la sociedad. En suma el conocimiento positivo es aquel que está formado por las leyes científicas basadas en la experiencia y explicables por la razón (10) (11). Un texto que refleja de forma excelente los principios de la ciencia positiva en su aplicación a la investigación es el texto de Cajal de 1897 sobre “Reglas y Consejos para la investigación científica” (12).

NICOLÁS ACHÚCARRO. SU VIDA

En el contexto antes reseñado va a transcurrir la vida de Nicolás Achúcarro. Destacaremos en ella tres apartados: su formación, su actividad profesional y su mentalidad.

La formación que recibe Achúcarro desde su infancia es excelente pues incorpora a la misma el aprendizaje de idiomas y una solida formación musical como demuestra su capacidad para tocar el piano (13). Estudia el bachillerato en el Instituto Vizcaíno de Bilbao entre 1890 y 1895 donde tiene como profesor a Don Miguel de Unamuno. Entre el otoño de 1895 y la primavera 1897 realiza una estancia formativa en el Gymnasium de Wisbaden tras el cual se incorpora a la Facultad de Medicina de Madrid donde tiene como maestros a Don Santiago Ramón y Cajal, Federico Olóriz o José Gómez Ocaña en cuya cátedra de fisiología lleva a cabo sus primeros experimentos (2) (3) (4).Entre 1899 y 1900 realiza sus estudios en la Facultad de Medicina de Marburgo regresando a la Facultad Madrid donde culmina sus estudios en 1904. Su formación clínica la recibe en el Hospital general a través de Don Juan Madinaveitia que lo pone en contacto por un lado con D. Francisco Giner de de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza y por otro con Don Luis Simarro. Es hacia 1902 cuando, era todavía estudiante de medicina, se incorpora a trabajar en el Laboratorio de Simarro, situado en la calle General Oraá de Madrid y comienza su investigación neurohistológica. Allí conocerá también al poeta Juan Ramón Jiménez (2) (3) (4) (14). Su afición musical se mantiene viva pues es asiduo asistente a los conciertos dominicales del Teatro Real (14). En vacaciones Achúcarro trabajó en un pequeño laboratorio casero que instala en el ático de su casa familiar en Neguri, cerca de Bilbao (13) (Fig.2)

Fig 2. Nicolás Achúcarro en su casa de Neguri

Tras licenciarse, Achúcarro se desplaza a Paris para completar su formación neurológica en el Hospice de Bicêtre con Pierre Marie, con el que realiza su primera presentación en la Sociedad Neurológica de París (13). Por otra parte asiste con regularidad en las sesiones clínicas que dirige Joseph Babinski en el Hôpital de la Pitié. En 1905 se desplaza a Florencia para continuar su formación con Ernesto Lugaro y Eugenio Tanzi y finalmente se desplaza a Munich para formarse con Emil Kraepelin y Alois Alzheimer, ciudad donde permanece casi dos años hasta 1908 y donde consolida su formación como neuropsiquiatra y neurohistólogo (Fig.3). Fruto de sus investigaciones presentará en Madrid su tesis doctoral sobre la histopatología de la rabia en 1906 y su primer trabajo sobre las células en bastoncito en la revista de Cajal en 1908. (14). Cuando en 1910 se incorpora al laboratorio de Cajal va a recibir también el magisterio directo de éste hasta su nombramiento como Director del Laboratorio de Histología de la Residencia de Estudiantes (Fig.4).

Fig 3. Achúcarro en el Laboratorio de Alzheimer. El segundo por la derecha de la fila superior
Fig 4. Achúcarro en el laboratorio de Cajal. De pie en el centro

Por lo que respecta a su actividad profesional, y con independencia de su actividad en los laboratorios en los que se formó, Nicolás Achúcarro desempeñó entre 2008 y 2010 el cargo de director del servicio de Anatomía patológica de Goverment Hospital for Insane en Washington y posteriormente, tras su regreso a Madrid, el de Auxiliar adscrito de la Facultad de Medicina, Médico de neurología y psiquiatría del hospital general y Director del Laboratorio de Histología del Sistema Nervioso que la Junta de Ampliación de Estudios creó en 1912 en la Residencia de estudiantes. Dado que algunas de las responsabilidades que desempeñó no eran remuneradas ejerció durante algún tiempo la medicina privada (3) (4) (13) (14).

Laín Entralgo ha definido la mentalidad como el “modo personal de enfrentarse mentalmente con la realidad, de entenderla, de estimarla y de conducirse en ella” (15). A mi juicio la mentalidad de Nicolás Achúcarro solo puede entenderse en el contexto de los tres vectores antes descritos que cruzan desde 1880 hasta 1918 toda su existencia.

En relación con el regeneracionismo su pensamiento y su actitud son reveladores. En una carta a su madre fechada en Alemania en 1900 escribe a propósito de la situación de la universidad española “Para mí, no salen en España tan buenos médicos como aquí, no porque se estudie menos ni porque sean los individuos de carácter ligero e inconsciente sino sencillamente por faltar laboratorios y material”. Laín Entralgo, que analizó con profundidad su vida y su impronta en la España de la época escribe al respecto que “pese a su pobreza, escasa ciencia y a su desgraciada inquietud política, solo la vida española le contenta. Quería europeizar España” (14)

El pensamiento y la acción de Nicolás Achúcarro en lo que al institucionismo se refiere, fruto posiblemente de la admiración y la relación que mantuvo con Giner de los Ríos, se refleja muy bien en algunos testimonios. Miguel de Unamuno su antiguo profesor de bachillerato escribe “el amor al campo era en Achúcarro una verdadera pasión de ánimo”(16). Alberto Jiménez Fraud, director de la Residencia de Estudiantes, centro emblemático del pensamiento y el quehacer institucionista afirma al respecto “no podíamos presentar más noble y cercano modelo a nuestros escolares que el de la exquisita mentalidad y sensibilidad de Achúcarro” (17) El residente en aquellos años y futuro médico Miguel Prados y Such escribe sobre la relación de Achúcarro con los residentes “Achúcarro venía frecuentemente por la residencia, a interesarse por nuestros problemas e inquietudes y sobre todo por nuestro futuro y nuestros ideales” (18).

La visión positivista en relación con el quehacer científico queda igualmente reflejada en varios testimonios incluidos los de algunos de sus discípulos. Don Pio del Rio Hortega, su discípulo más relevante, escribe en este sentido que Achúcarro “era un entusiasta de la investigación original, poseía ingenio para construir hipótesis nuevas, pasión para el análisis y ecuanimidad para el juicio” (19). Gonzalo Rodríguez Lafora, otro de sus más brillantes discípulos, afirma que Achúcarro se “encrespaba cuando discutía con los escépticos ante el progreso de la ciencia y ante los falsificadores de la misma” (20). Miguel de Unamuno, que tan bien lo conoció, señaló que Achúcarro poseía un verdadero “amor intelectual por la verdad científica” y que a él le echaba en cara su “incapacidad para sentir el valor de la ciencia” (16).

Se trata de una formación y una mentalidad que va a impregnar todo su quehacer y toda su proyección social en su corta trayectoria de vida.

NICOLÁS ACHÚCARRO. SU LEGADO

El legado que para nuestro presente y nuestro futuro deja Nicolás Achúcarro es triple: una obra científica, un magisterio y una forma de conducta.

Su obra fue extensa e intensa pues en su corta vida realizó aportaciones muy significativas, intuyó nuevos conceptos y acuñó algunos términos que han permanecido. Realizó sus publicaciones en cuatro idiomas destacando algunas realizadas en revistas alemanas. Su contribución a la técnica histológica fue el desarrollo en 1911 de la técnica del tanino y plata amoniacal que en su época fue, en palabras de D. Fernando de Castro, “el proceder más adecuado para colorear la neuroglia y la substancia fundamental del tejido conectivo, especialmente la reticulina” y que todavía hoy puede ser muy útil para observar dichas estructuras (2) (4) (21).

En relación con su aportación propiamente histológica debemos hacer referencia a su contribución al conocimiento de las denominadas células en “bastoncito”, a la gliotectónica y a la conexión gliovascular. Sobre las células en bastoncito , inicialmente descritas por Nissl en 1898, en distintas situaciones patológicas y experimentales y no identificados por entonces en la corteza cerebral, Achúcarro confirma y demuestra, entre otras con su técnica, que son células que no poseen gliofibrillas, ni pies chupadores, pero que acumulan grasa (Fig.5). No solo relaciona dichas células con las células granulo-adiposas, descritas también en las mismas situaciones patológicas y experimentales que las células en bastoncito, sino que postula un carácter fagocítico para las mismas afirmando que eliminan los productos de degradación de las células nerviosas durante los procesos inflamatorios. Sobre el origen de las células en “bastoncito” existía un amplio debate. Achúcarro advirtió que el problema era insoluble en tanto no se dispusiese de una técnica capaz de diferenciar las distintas células intersticiales del tejido nervioso (2) (4) (13) (21) (22) (23). El descubrimiento de dicha técnica y la resolución definitiva del debate corresponderá a D. Pio del Rio Hortega, el más importante discípulo de Achúcarro ( 24) (25) (26) (27).(26) (27)

Fig 4. Dibujo de Achúcarro. A y B células en bastoncito. C Astrocitos

Una segunda contribución significativa de Achúcarro a la histología del sistema nervioso fue el estudio de lo que denominó gliotectónica o glioarquitectónica, esto es la especial disposición arquitectónica de la glía en los centros nerviosos. Con tal fin estudio especialmente la gliotectónica de la corteza cerebral y especialmente del asta de Amón y la fascia dentata (28) (29). La conexión de la glía con los vasos a través de las denominadas “trompas de Achúcarro” fueron también objeto de su investigación histológica (30) (31). A todo esto hay que añadir aportaciones a la histopatología de algunas lesiones nerviosas vinculadas por ejemplo a la rabia o a algunas demencias (32) (33) y la hipótesis de que la glía tenia entre otras funciones un papel metabólico y secretor en una época en la que se desconocían los neurotransmisores o metabolitos cerebrales (13).

Nicolás Achúcarro nos legó, además de su obra histológica, un magisterio y una conducta. En relación con el primero basta leer el artículo que Don Santiago Ramón y Cajal, a propósito de su muerte, publicó en el Semanario España en Mayo de 1918 (34). En él puede leerse “Lo único que puede consolarnos de su prematura desaparición es que, para honra de la patria y esperanza de la renaciente ciencia española, nos dejó hijos espirituales capaces de proseguir su obra y de rendirle perenne justicia”. Sin duda las figuras de Rio Hortega y González Lafora constituyen un claro y brillante ejemplo del magisterio ejercido por Achúcarro.

Un estilo de conducta personal y un modo de conducta social constituyen también parte importante del legado de Achúcarrro. La determinación es el rasgo que marca, a mi juicio, su conducta personal. Una determinación para formarse, en el laboratorio personal de Luis Simarro o en la clínica de Juan Madinaveitia, en Francia, en Alemania, en Italia, etc. o donde sea necesario (2) (3) (4). Y además su pasión por la música y su voluntad de acercamiento a la vida intelectual y artística. “No es todo hacer carrera y nombre y ganar dinero” cuenta Miguel de Unamuno que le decía un joven Nicolás Achúcarro, determinado a buscar más amplios horizontes (16). La misma determinación muestra igualmente al erigirse en protagonista activo de su vida y tomar por tanto todas las decisiones que considera más oportunas para ello con independencia de cualquier tipo de influencia. En una carta dirigida a su madre, desde Whashington, en 1909 escribe “El director (del hospital donde trabaja) asegura que hará de mi un americano. Yo le digo que no” (14). Igual determinación demuestra cuando se casa en 1911, con la oposición de su familia, con su prima Dolores Artajo que padece una grave artritis deformante (14). Los secretos de esa voluntad y determinación quedaron quizá ocultos para siempre en las cartas que escribió a Dolores Artajo desde Washington y que esta pidió que enterraran con ella para que no fueran nunca desveladas (35). Los progresivos resultados que va alcanzando en su investigación histológica demuestran igualmente su determinación para lograr sus objetivos profesionales.

La conducta social de Achúcarro hay que insertarla en el marco del regeneracionismo, el institucionismo y el positivismo antes reseñado. En este contexto Achúcarro simboliza, en palabras de Marañón, al médico que “aúna por vez primera al hombre de ciencia con el clínico”, un modelo de médico investigador que es necesario seguir impulsando en nuestros días para que la investigación logre definitivamente impregnar la práctica clínica (14) (36). Pero en Achúcarro se aunaba también “el humanismo de Giner y el entusiasmo científico de Cajal” según dejó escrito Alberto Jiménez Fraud, el director de la Residencia de Estudiantes con el que Achúcarro colaboró en la etapa fundacional de la misma. A sus saberes científicos Achúcarro, modelo de médico culto, incorporó el bagaje cultural y educativo de su época, posiblemente el único modo, entonces y ahora, para potenciar la empatía entre el médico y el enfermo (36).

Un rasgo fundamental de la conducta social de Achúcarro lo constituye su actitud alegre, constructiva y entusiasta con el presente y el futuro, especialmente en su relación con los jóvenes científicos y estudiantes de la Residencia a los que tanto contribuyó a formar. “La Aurora”, lo apodó el poeta y Premio Nobel Juan Ramón Jiménez; “Donde él entraba”, escribió, “parecía que entraba el primer sol”. A la muerte de Achúcarro le dedicó el libro “La flauta y el ciprés”, que llevaría como subtítulo el “Arcoíris in memoriam Nicolás Achúcarro” (37). Los testimonios de los discípulos y alumnos de Achúcarro son también muy elocuentes respecto a su conducta social. Lafora escribió “Sus vastos conocimientos, su ingenio y simpatía personal, su cultura artística, sus amplias lecturas hicieron muy pronto que los más jóvenes estudiantes le considerásemos como un modelo a imitar” (20). Rio Hortega lo describe así: “Fue un maestro comprensivo, benévolo y generoso y por ello, en la fe de sus inspiraciones, pude completar algo gracias a lo mucho que me estimuló en mi trabajo” (19).

Pocos días antes de morir y con verdadero espíritu institucionista, pidió que le leyeran los versos que escribió Antonio Machado con motivo de la muerte de Don Francisco Giner de los Ríos, alma de la Institución Libre de Enseñanza y uno de los hombres ejemplares que más admiró Nicolás Achúcarro (20)

“..Hacedme un duelo de labores y esperanzas
Sed buenos y no más,
sed lo que he sido entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!..”

Estos hermosos versos aplicados a Giner de los Ríos son igualmente válidos aplicados a Nicolás Achúcarro. Por eso Recordar a Achúcarro, a los cien años de su muerte, es rescatar para el presente la figura de un médico capaz de aunar en su ejercicio la ciencia, la clínica y la cultura frente a un modelo actual de médico que solo parece aplicar protocolos y que carece de empatía cultural con sus pacientes. Recordar a Achúcarro es, también, rescatar para el presente, aparte de su obra, un modelo de científico alegre y entusiasta, capaz de proyectar en los jóvenes la actitud positiva y constructiva que la investigación científica representa. Y oponerlo al modelo casi siempre quejoso y mendicante que con frecuencia trasmiten muchos investigadores en nuestros días y que tanto lastra la motivación y la actitud constructiva de las nuevas generaciones (34).

Recordar y rescatar a Achúcarro es por tanto en el sentir de Ortega, que tanto lo admiró, volver nuestra mirada atrás para mejor avanzar hacia delante. Es, a los cien años de su muerte, hacer de su recuerdo impulso y no dejarlo simplemente en añoranza.

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Declaración de Transparencia

El autor/a de este artículo declara no tener ningún tipo de conflicto de intereses respecto a lo expuesto en la presente revisión.


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Autor para la correspondencia
Antonio Campos
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Año 2018 · número 135 (02) · páginas 125 a 131
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