Año 2018 · Número 135 (02)

Enviado: 08.05.18
Revisado: 17.05.18
Aceptado: 17.06.18

La ética del tiempo en procesos potencialmente irreversibles

Ethics of time in potentially irreversible processes

DOI: 10.32440/ar.2018.135.02.rev06

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Resumen

La humanidad debe hacer frente a desafíos globales que, si no se abordan a tiempo, pueden alcanzar puntos de no retorno. ¡Es tiempo de acción!
La comunidad científica, académica, artística, intelectual, en suma, debe situarse en la vanguardia de una gran movilización popular que pueda contrarrestar los grandes poderes guiados exclusivamente por intereses cortoplacistas, cuya ignorancia de la auténtica situación afecta a la habitabilidad de la Tierra. Es preciso e inaplazable aprender las lecciones del pasado para poder inventar el futuro.
Ha llegado el momento de “Nosotros, los pueblos…” como se expresa en la primera frase de la Carta de las Naciones Unidas.

Abstract

Humanity must face global challenges that, if not addressed in time, can reach points of no return. It is time for action!
Scientists, academics, artists and intellectuals should, in particular, place themselves at the forefront of an overall mobilization against big powers that are exclusively driven by short term interests, and remain blind and ignorant when faced with a situation that puts at risk the habitability of our own planet. It is necessary and urgent to learn the lessons of the past in order to invent the future.
The time has come for “We, the peoples…” as clearly stated in the first sentence of the Charter of the United Nations.

Palabras clave: Desafíos Globales; Puntos de no retorno; Movilización popular; Tiempo de acción; Amenaza global, respuesta global; responsabilidad intergeneracional.

Keywords: Global challenge; Points of no return; Popular mobilization; Time of action; Global threat, global response; Intergenerational responsability.


Introducción

La humanidad debe hacer frente a desafíos globales que, si no se abordan a tiempo, pueden alcanzar puntos de no retorno.

Una de las facultades distintivas de la especie humana es la de poder anticiparse, de saber para prever, de prever para prevenir. La facultad prospectiva es ahora, en los albores del siglo XXI y del tercer milenio, especialmente relevante ya que, por primera vez desde el origen de los tiempos, la humanidad debe hacer frente a desafíos globales que, si no se abordan a tiempo, pueden alcanzar puntos de no retorno. La irreversibilidad potencial forma parte, desde ahora, de la responsabilidad del conjunto de los habitantes de la Tierra pero, de forma muy especial, de la comunidad científica, académica, artística, intelectual, en suma, que debe situarse en la vanguardia de una gran movilización popular que pueda contrarrestar los grandes poderes guiados exclusivamente por intereses cortoplacistas, cuya ofuscación e ignorancia de la auténtica situación afecta a la propia habitabilidad de la Tierra, no sólo por sus ambiciones hegemónicas sino que, con una inmensa influencia mediática, convierten en espectadores impasibles e indiferentes a buena parte de la ciudadanía.

Es tiempo de acción. Es preciso estar alerta. Dejar de ser espectadores para ser actores comprometidos, que saben, como tan lúcidamente indicó el Presidente Obama que “esta es la primera generación que debe hacer frente a este reto –refiriéndose al cambio climático- y la última que puede resolverlo”.

Conciencia de lo que ha acontecido, lecciones del pasado. Conciencia del presente y, sobre todo, memoria del futuro, memoria para saber actuar hoy para el por-venir que está por-hacer. Esta es nuestra responsabilidad y nuestra esperanza: cada ser humano único capaz de crear.

Prevención

El primer ensayo que escribí se titulaba “Mañana siempre es tarde”1 (1) que reflejaba la preocupación que durante aquellos años sentí de manera muy profunda cuando inicié la detección precoz de alteraciones metabólicas en el neonato, enfermedades “infrecuentes” que cursan con gravísimo deterioro mental y que pueden ser evitadas si se detectan con prontitud después del nacimiento. Si no se pueden detectar estas deficiencias genéticas que durante la gestación han sido suplidas por la madre y que se manifiestan al adquirir la vida autónoma, si no se tratan a tiempo, se convierten en una grave afección patológica que ya no puede mejorarse ulteriormente. No cabe duda, la prevención es la gran victoria. Pero es muy difícil convencer a la gente y a las mismas autoridades de toda índole de la bondad de la prevención, porque los resultados “no se ven”. Estamos acostumbrados a poder contemplar la imagen del “antes” y el “después”. No puede verse el antes porque el “después” se ha evitado con el tratamiento adecuado y ¡a tiempo! Por ello es tan importante que la sociedad en su conjunto y muy especialmente los medios de comunicación, sean capaces de subrayar la importancia de la prevención… aunque sea invisible. Ética del tiempo.

Libertad y Responsabilidad

Ser educado es “ser libre y responsable”, como establece con tanta clarividencia el artículo 1º de la Constitución de la UNESCO.

La libertad es el don supremo. Cada ser humano investido de la facultad de discernir, de decidir en cada instante, al justo filo de las luces y de las sombras, de las certezas y de las incertidumbres.

La libertad humana, única condición en los designios de la creación. Todo es predecible en el universo, todo regulado por inmutables leyes físicas y químicas, salvo la discrecionalidad humana. Si algo se le impusiera como inequívoco, la máxima potestad humana quedaría desarbolada, des-orientada, sabiendo que todo estaba establecido y predeterminado. La dignidad humana se basa, precisamente, en el distintivo poder de enfrentarse sin cortapisas a las preguntas esenciales, en ser capaz, incardinado en temporales y putrescibles estructuras biológicas, de alzar el vuelo en el ilimitado espacio del espíritu.

Libertad y capacidad creadora para no caer nunca en el determinismo, en el